el monito


Ayer noche fuimos a ver King Kong el primo y yo (por obra y gracia suya -loado y alabado seas, ¡oh!-).

PELÍCULA:

Me gustó. Sinceramente. ¿Que es un peliculón? Tampoco hay que sacar los pies del tiesto, vaya. En cualquier caso se la recomiendo a cualquiera: a los amantes del cine griego en versión original (me tragué La mirada de Ulises subtitulada en francés. Mi francés es más que rupestre. No tengo palabras suficientes para expresar agonía que sentí. Y que conste que me gustó); a los clásicos del cine clásico (la peli es pretendidamente la de 1933, pero francamente bien arropada por unos personajes más definidos, escenarios más cuajados y una tecnología desbordante. El director dijo que no iba a hacer un remake, simplemente quería dotar de las nuevas herramientas que el presente ofrece para realizar el sueño de su vida: volver a grabar King Kong); a los niños y a las niñas (también pueden verla los infantes); a los del cine de aventuras (la película es básicamente eso: una aventura); y hasta a una larga lista de etcéteras.

Todos sabemos que es una peli con la única pretensión de intentar hacer pasar un buen rato, y lo consigue.

TECNOLOGÍA:

Acojonante. Espeluznante. Increíble. Fascinante. Deslumbrante. Y paro porque empiezo a parecerme al engrudístico de José Luis Moreno. A quienes no les interese especialmente este tipo historietas, le puede acabar resultando algo excesiva, pero para un obseso aberrante como el que suscribe, aing, aquello es un despliegue tal que casi se merece unas lagrimillas.
Como nota adicional diré que hasta el día de hoy ningún bicho digital había logrado conmoverme sinceramente (exceptuando a Lara Croft -se me viene recurrente a la memoria- y por otras razones): el mono es fantástico en todos los aspectos.

Y poco más, que he dormido cuatro horas a cuenta del peludo y estoy machacadito. No tengo imaginación hoy.

las dos cartas de la verdad (qué día llevo...)


Por aquel entonces (comienzo como Dios, ¿eh? –obvien mis bromitas apócrifas, por favor-) yo ya sabía que los de Oriente eran más bien Íberos. Por el contrario, mi cándida y dulce hermana (cuatro años mas joven que yo) estaba absolutamente convencida de que todos los cinco de enero tres inmigrantes ilegales se dedicaban a ir dejando amablemente regalos por las casas de los humildes españoles.

El hecho es que el nene, a la hora de escribir la pertinente misiva a Sus Majestades y con la única intención de enternecer el engranitado corazón de mis malogrados padres (los pobres, no era el mas bueno yo, qué les voy a decir), se armó de retórica y espíritu de entrega: en mi carta (un folio por ambas caras) les pedía que trajesen cariño al mundo, comida a los niños negritos (ojo Baltasar el cabreo, digo), dinero a los pobres y Paz y Amor (mayúsculos) en el mundo de Dios; y que, si es que al final les quedaba algo, cualquier nimia cosita que les sobrase, que por favor tuviesen a bien dejármela porque yo no me merecía regalo alguno (recuerdo ahora que escribí, literalmente "me he portado pichís-pichás"… Argh). Mis intenciones eran más que evidentes (y para nadie más obvias que para mis padres, claro): yo buscaba que mis progenitores pensaran "qué mono" o "que generoso" o "qué desprendido" o "cómo se siente de mal por haber sido tan cabrón durante todo el año" y, enternecidos por tales virtudes, llenasen mis zapatos de múltiples regalos. Sagaz, el muchacho.

Por su parte, la JEFAZA de mi hermana que como digo sí que creía en los Reyes, que no era mas que un minúsculo ápice de ser humano con apenas seis o siete años y que seguía ceceando y no pesaba más de veinte kilos, se hizo con uno de aquellos inmensos catálogos de juguetes y, cogiendo la carta escribió: "Queridos Reyes Magos" y a continuación, sin una sola palabra más, copió literalmente TODAS las cosas que aparecían en el libraco. TODO. Al terminar, firmó la carta, se la dio a mi madre y se piró al cuarto a ver Dumbo (por quinta vez).

Recuerdo que me quedé ahí, mirando una y otra carta, pensando: yo soy tonto del culo.

Nota: Ha sido leyendo éste post de Aldara que me he acordado...

días verdes

Sábado: 9.45 (aeme, se entiende) Ikea (mis grandes amigos suecos que aún nos tienen gozando íntimamente con la maldita cocina), 11.30 Leroy Merlin (ojito con los miles de millones de herramientas que deseo de ese lugar; que tiemblen el barbas de Bricomanía y el pobre imbécil de Art Attack -¿por qué no puedo dejar de mirar la tele cuando sale haciendo sus cositas?-), 13.00 Plaza Norte 2 (un mausoleo espantoso pero recurrente dedicado al consumismo y repleto de seres humanos), 15.00 Leroy Merlin (se nos había olvidado comprar una espátula, qué le vamos a hacer), 15.30 El Corte Inglés (no tengo suficientes palabras de afecto) , 16.00 Casa de los nenes... decapar y lijar en casa (cuatro sillas que van a quedar dignísimas, ahora que vaya currele que nos estamos pegando), 18.00 El Corte Inglés (más afecto y más amor); 21.00 Casa padres (cena y estiramientos); 22.30 Casa Mer (estofez en el sofá).

Que por qué le empiezo a coger tirria a esto de la Navidad... en fin.

El caso es que la otra noche escuché en la radio (clásico programa nocturno de nombre amable -El Ombligo de la Luna- con muchacha de voz cándida y sugerente al frente) una carta ya demasiado clásica en ésta época: el típico tipo con pico (excúsenme, que de vez en cuando me dan ataques estilísticos inútiles) que odia la Navidad. Recuerdo que a mis 17 aquello de odiar la Navidad era tremendamente fascinante: aquel que era malo, ese que era mas chulo que nadie (y que quería serlo más que nadie), estaba obligado a odiar la Navidad. Yo odié la Navidad como un campeón, siguiendo el habitual guión hasta en los puntos y las comas.

El escrito venía a decir que somos unos cínicos, unos consumistas y unas apestosas víctimas del sistema: que la Navidad une pero falsamente, que por qué regalamos cuando en realidad las familias se odian, que la felicidad de ahora es un síntoma superficial y caduco que en tres semanas se esfumará devolviéndonos a la rutina de la realidad: el individualismo, la desconfianza y la indiferencia. Que es una época inventada por una religión muerta, que seremos testigos de la falacia, las sonrisas forzadas y de la envidia... en fin, la recurrente perorata rellena de cositas dulces que no deja de tener su fundamento.

¿Pues sabéis qué? Que la chapa consiguió que me apeteciera la Navidad. Soy reaccionario por naturaleza. De acuerdo, ésta es época de melancolía y de soledad absoluta para los solitarios, las cenas podrán resultar francamente extrañas, nos gastaremos ese dineral que no tenemos en regalos que ni queremos regalar, habrá que abrazar a aquellos que hace un año exactamente que no abrazamos y tendremos que sonreír porque simplemente es Navidad... un asquito, vaya. Pero qué queréis que os diga, también ese abrazo, aunque quejumbroso, no dejará de ser un abrazo, ese brindis podrá acabar siendo sincero, el regalo que hagamos seguro que será recibido con una sonrisilla y preparar la cena puede resultar hasta ilusionante. La vida está llena de catastrofismo y qué coño, si a pesar de lo superficial, de lo etéreo y de lo minúsculo, conseguimos pensar positivamente aunque solo sea por un instante, la inhóspita Navidad habrá merecido la pena.

El tipo acababa diciendo que menos Navidad y que lo que hay que hacer es portarse bien durante todo el año. Ahí sí que estuve totalmente de acuerdo: que los Reyes son los Reyes y sé que los putos pajes me llevan vigilando desde octubre.

Un abrazo fuerte y feliz Navidad.

Por cierto: Atoren a éste ser, es simpático.

jorge matojo

Un tipo escurridizo, este Bush

Y si se atora, no duden en pinchar y arrastrar. Y disfruten, por Dios, disfruten.

Especies



El sábado pasado (19 de noviembre) tuve que venir a currar. Juro por lo más sagrado que hubiera dado un pie por no aparecer por aquí, pero ocurre que el viernes por la tarde me puse chulo con un inglesito mamón y en pleno apogeo le dije que si había huevos arreglábamos el asunto a la mañana siguiente. Y los hubo. En fin. Me vine sobre las 9.30 y, después de unas horitas gozando entre llamadas y mails, alrededor de las 13.00, aparecieron por la planta dos féminas que trabajan en la misma empresa que yo.


Acotación: ambas pertenecen al clásico enjambre de las que antes muertas que sencillas, con suficiente engrudo en la boca como para intentar parecer de familia de los Iglesias con minimísimas posibilidades de éxito, enjoyadísimas y aún más empotadísimas, de treinta y tantos, joviales, constantes expresiones verborréicas del pelo de vengaandatíaquenomelopuedocreer, barritas energéticas para comer y cordero para cenar, temas de conversación extremadamente limitados –estás monísima hoy, estás ideal, has visto con quién está tal, ayer estuve en no sé dónde, pero cómo puedes decir que es mono si es del invierno pasado-. Ah, y disculpen la frivolidad: ambas, como dignas ejercientes de su clan, llevan el no menos típico gesto en la cara de busco un hombre con dinero al que pueda mostrar al resto de mis hambrientas competidoras, que yo me lo trago todo.

Aún no salgo de mi asombro: vinieron simple y llanamente para conectarse a Internet y comprar unas entradas de cine “porque en casa no saben”. A mi pregunta de por qué no las compran directamente en susodicho establecimiento me responden que, ays, es que odian las colas de los cines.

pasión de perdices

Disculpen mi semana anterior. Un asco. En fin, trataré de irme poniendo al día, que me intimidan ustedes con lo prolíficos que están.

El miércoles por la mañana, a las 8.05 a.m. se subía al mismo autobús en el que yo, con harto dolor de mi corazón, me arrancaba las legañas una pareja de jóvenes de no más de trece años. Percátense de la edad. El caso es que una vez lograron ubicarse entre los cien pasajeros que muy amablemente nos rozábamos dentro del aparato (esto es, a unos dos centímetros de mí), comenzaron a comerse la hociquera con una fruición digna de los caimanes de Cleopatra. Hasta ahí todo más o menos normal (los vapores de la adolescencia, el Carpe Díem en cada beso que pudieran arrancarse, las voces cacareantes, las incipientes perillas rayando al sol...), pero la cosa empezó a ponerse un pelín tensa cuando, en pleno desenfreno, el chavalito (ni tan siquiera un poco barbilampiño: todo granos, el campeón) empezó a refrotarse contra el corpachón de la muchacha presionándola contra las barras de seguridad a modo de sandwichito caliente. La señora de mi lado no paraba de suspirar rotundos "por-fa-vor-un-poco-de-de-cen-cia" mientras un grupúsculo de pubescentes atendía maravillado (juraría que hasta tomaban notas) de cómo el chiquillo, con un virtuosismo del que yo carecía a su edad, desaparecía ambas manos por entre las carnes de la gozante mozalbeta. Veinte minutos de reloj dale que dale. Ahí queda eso. De 8.05 a 8.25. Hasta empañaron las ventanillas. Y, eso sí, estoy más que convencido de que el niño llegó a clase con un íntimo, ronroneante y malévolo dolor testicular.

y yo tan contento

Es fascinante. Yo aún diría más, es fascinante.

Cómo puede ser que tenga un follón de tres pares (seis, señores seis, que ando más liao que la sandalia de un romano con las piernas muy largas) y no se me ocurra otra cosa mejor que proyectar mi hilarante histerismo sobre un post. En fin, debería de estar al teléfono montándole un Dios a un par de impracticables seres humanos, pero no, aquí el nene prefiere calmar su alma (soy un junco hueco, soy un junco hueco... que decía Kung-Fu) vomitando estupideces. Puesto a ello, actualizo historias:

1- El Hogar. Acaba de llamarme Javier (el flanco 1 de aquel aquel mísero post) y me cuenta que ya ha terminado con el baño. Ésta tarde (noche, qué coño, que me quedan aquí horas, y más si sigo haciendo el idiota con el blog) trataré de pasarme por allí para comprobar que: uno, ha instalado una bañera; y dos: que no la ha colgado del techo. Mañana por la mañana debería ir con él a ver dónde vamos a colocar las luces del salón. O confiar en que mi señora madre le dará las instrucciones correctamente y en que él será capaz de interpretarlas... dibujaré un pequeño y simple plano para evitar más confusiones. Por otra parte, los hijos de muchas perras de IKEA (concretamente los instaladores que tienen subcontratados) no se han puesto en contacto con nosotros para informarnos de cuándo les va a salir del paquetín acercarse para arreglar el curiosísimo puzzle que dejaron en la cocina. Mañana se les llama y, con todo el candor del mundo, se les menta hasta a Rómulo y Remo.

2- La Boda. Sólo un apunte: Hace tres semanas le facilitamos al del restaurante del pueblo el teléfono de un cátering cojonudo para que pudiera arreglar una serie de historias. El tipo descubre que el teléfono está mal y HASTA HOY (que le he llamado yo) el champion no nos ha dicho nada. Qué ganas de estrangular tan grandes tengo, dita sea.

3- Escatological Geographic. Ayer por la noche, a sabiendas de que está un poco prohibido, saqué a Café por el porche de casa (llovía y ninguno de los dos queríamos mojarnos, la verdad). Estaba allí tan contentito yo, disfrutando de un piti nocturno cuando siento cómo un eflubio me llega pidiendo paso hasta el borde ortil (naturaleza viva, qué le vamos a hacer). El caso es que, previa comprobación de la no existencia de moros costeros, dejo escapar el sonoro gas con un regodeo cuasi pecador (...cuánta satisfacción en un acto tan primario e íntimo, ay). Cuál es mi sorpresa cuando, desde el porche de en frente, oigo el taconeo y veo a la consiguiente señorita de no más de 20 dirigiéndose a su casa con un descojone encima más que considerable. Y es que se da el caso de que el porche de casa de mis señores padres linda con el porche de los vecinos (que el nene por supuesto no había revisado antes de la rajadiña), y que la única separación entre uno y otro es una verja algo más resistente que la de una granja gallinera. Argh. Rojo como el culo de un mandril. A punto estuve de echarle la culpa a una perra que no pesa más de seis kilos, la pobre.

4- Aviones. En un rato voy a Barajas a buscar a Mer, que llega destrozadita después de dar cien mil vueltas por ésta España nuestra a cuenta del curro. Como no hay niebla (se ve menos que por el retrovisor de Farruquiting), veremos a ver la hora en la que toman tierra.

5- A lo mío. Me dejo de chorradas y sigo currando.

Mi cámara ha vuelto a la vida


... y para todos ustedes, un trocito de Madrid. Al fondo, un suspiro de la sierra nevada.

Joder qué alegría me dio el campeón que me llamó antes de ayer:
- Perdone, ¿es usted sinclair?
- El mismo que viste y calza.
- ¿Dejó una cámara para arreglar?
- Hace años, casi.
- ¿Perdón?
- Que sí, que sí, hace más de un mes.
- Pues nada, que la cámara, que ya está arreglada.
- Mil gracias por llamar, mañana me paso.

El Libro se libra libre

Hubo una vez un Rey que no quemaba los libros. Siendo aún joven decidió que, al contrario de lo que hacía el resto de los monarcas del mundo, él nunca quemaría los libros: -"Quiero tener todos los libros que encontréis, quiero leer todos los libros que pueda en mi vida y, aquellos a los que mi existencia no me permita llegar, deberán sobrevivirme y ser parte del legado de mi reino"- dijo una mañana después de desayunar tostadas con café a toda su corte.

Aquel Rey vivió, leyó y tuvo un solo hijo. El hijo del Rey, una vez que aquel muriera, decidió quemar todos los libros que su padre había guardado.

Mientras los iba lanzando a la gran pira que había hecho en medio del patio del castillo, el príncipe agarró uno y empezó a leer. Cuál fue su sorpresa cuando se da cuenta de que está leyendo su historia, que le dice que el príncipe es alto y él lo es, que le habla de las almenas de su mismo castillo e incluso de la pose de asombro que ahora tiene; qué confuso cuando lee su tropiezo, su atraganto en el calzado que le lleva renqueante hasta el pie del fuego, qué alarma cuando lee que el libro se quema y el libro se está quemando; aún más, qué pasmo cuando lee que el príncipe salta al fuego y se da cuenta de que él, el príncipe que quema los libros está en el aire y cada vez hace más calor.

El curioso incidente del perro a medianoche


Nastardes, que dicen en mi pueblo.

Lean este libro, háganme el favor.

No quiero caer en la tentación de andar resumiendo el texto, pero baste decir que hacía mucho que no leía algo tan original, tierno, simpático y desgarrador al mismo tiempo. Me lo zampé prácticamente de una sentada y, de corazón, merece la pena.

Me siento empaquetadito dentro de un tópico (acabo de comprobar que no soy único recomendándolo) pero qué le vamos a hacer: el libro lo merece.

Si alguien está interesado en leer una reseña, que le eche un vistazo, por ejemplo, a esta.

Ya me dirán.

10 evidencias más

1- "Escalofresco" no es un palabro simpático, es francamente ridículo. Véase: "Ay, que es que me ha dado un escalofresco".
2- El tipo que inventó los tubitos de cristal en los que hay que miccionar esas entrañables mañanas en las que uno irá después a la revisión médica era un cachondo mental con las manos muy frías.
3- Bajar el volumen de la radio mientras das vueltas con el coche buscando una calle es una idiotez, pero todo el mundo lo hace.
4- Venir del futuro SOLAMENTE para enseñarle a una tipa cómo es la lejía en el año 2030 es dramático y triste.
5- El texto de las solapas de los libros no debería resumir el contenido de los mismos hasta la página 150. Es muy doloroso saber lo que va a ocurrir hasta esa página. Y no, no puedo evitar leerme los malditos textos.
6- Los tirantes no son sinónimo de buen gusto. En serio, aunque a tanta gente le parezca lo contrario.
7- Las impresoras NUNCA se desconfiguran solas.
8- Soy feliz pensando en que me voy a casar. Y no, no me afectan los clásicos tópicos, siéntolo (pero sabes dónde te metes... te casaste la cagaste... es una enemiga en casa...etcétera)
9- Lo reconozco. "Incomplete" del aberrante grupete Backstreet Boys me parece una buena canción. Y me gusta. Y sí, me siento mal por ello.
10- Las series españolas no son siempre graciosas, de verdad.

Buen fin de semana. Disfruten, comparen y si encuentran algo mejor, bébanselo.

Un lío

Por no contarles mi vida y milagros (más), resumo: El sábado pasado se inauguró en el Ayto de Logroño una exposición de pintura de mi sra. madre (sí, pinta, y francamente bien por cierto) a favor de la Asociación Española Contra el Cáncer. El nene fue quien diseñó y maquetó los catálogos que acompañaron a las invitaciones correspondientes. Después de innumerables diatribas (en serio, incontables reimpresiones, desajustes de tamaño, vuelta al diseño, entradas en juego de seres imprenteros con un gusto exquisitamente atroz y la mano muy larga para modificar lo inmodificable, compra y recompra de sobres nuevos a última hora, revuelta al maldito diseño e inversión de más de 200 euritos en sellos -impresionante: ahora llevan el careto de los lunnis-), conseguí que apareciera ESTO en el documento final.



Confieso que traté de convencer a mi madre para que dijese que se lo había encargado a una asociación de niños discapacitados. Un momento después le pedí que se olvidase: me pareció muy injusto para con los niños discapacitados.

De cómo divertirse en un día de vacaciones

Disculpen la ausencia... les hablo, de momento, de ayer, que fue un día de vacaciones para gestión propia MUY agradable:

9.30 - Taller. Recogiendo mi coche. Ay, auto, cuantísimo te he echado de menos. No sé por qué tienes la ventanilla del conductor con un manchurrón de pintura impresionante pero, igualmente, te amo.
Después de que Don Felipe (encargado y dueño del taller) limpie y resobe la ventanilla con todo tipo de ungüentos, nos vamos zumbando de allí en dirección al piso, ale, al lío.
10.00 - Derechas. Al entrar en la M-30 compruebo que el coche se desvía hacia la derecha. Ay, agonía. Llamadita al taller, desde donde me emplazan a volver por la tarde a repasar el paralelo. Ay, digo más. Que a las 19.00 se va el del paralelo. Maldigo al taller, al Jefe de taller, a Don Felipe y al listo de la escuadra y cartabón.
10.15 - Banco. Firmitas varias. Sacudidas de mano y regalo de cristalería bien curiosota para los nenes. Olé, olé y olé.
11.00 - Llegamos a casa. Obras. Doble flanco (corto y cambio):

  • Flanco 1: Mr. Javier, que está terminando una encimera en la mini terraza después de haber encastrado en la misma una pila para el fregoteo ropil en general y para cualquier otra cosa no recomendable de ser hecha en el fregadero de la cocina en particular; y
  • Flanco 2: los dos troncos de IKEA que han invadido la casa para montar la (bendita y hermosa) cocina.

11.10 - Catarsis y Caos.

  • Flanco 1: Habíamos decidido cambiar en el aseo el ínfimo plato de ducha más trozo-de-loza-puesta-al-revés por una discreta pero entrañable bañerita. Nos encontramos un plato de ducha cojonudamente grande. Javier, por Dios, que era una bañerita. Ah, es que... ¿no era que al final poníamos plato de ducha?. Nop. Era bañerita. Pues habrá que quitar el plato y cambiarlo por la bañera. Pues pimpán, pimpán.
  • Flanco 2: ¿Cómo vais vosotros? Pues todo bien, hombre, aquí vamos, a ver qué tal queda esto (no me gusta nada que el montador de mi cocina me diga "a ver qué tal queda esto", con toda franqueza). Pues ánimo, que salimos a hacer unos recadillos.

11.25 – No todo lo evidente es obvio. Cuando vamos a coger el coche en dirección al baratísimo Corte Inglés, Mer me apunta: Pues oye, ¿estamos seguros de que debajo de la encimera que Javier (con tanto afán e ilusión) nos está haciendo en la terraza cabrán una lavadora de sesenta (centímetros) y una secadora de sesenta (centímetros)? Coño. Joder, joder, joder. Porque, por más que haya arañado pared, nuestros cálculos imponían SIEMPRE una lavadora de carga vertical. Y si a una lavadora de carga vertical, se le coloca encima una (preciosa, por otra parte) encimera, NO SE VA A PODER ABRIR, lo que limita un poquito la limpieza de lo textil.
11.27 - La Caverna. Subimos corriendo a ver a Javier. Éste se rasca el mochuelo y empezamos a dilucidar posibles soluciones: ¿recortar la encimera?, ¿una encimera abatible? Le dejamos pensando en sus cosas y nos lanzamos a por los recadillos.
11.45 - Baratísimo Corte Inglés. Me compro un pantalón pijamero bien agradable y damos una vuelta buscando unos pantalones de vestir azul marino para Mer. Dado que no encontramos nada y que andamos con pelín de prisa, preguntamos. La tipa a la que le preguntamos nos mira como si estuviésemos locos: ¿no sabéis que éste año no se lleva nada el azul marino??? No, coño, qué vamos a saber, subnormal. En el baratísimo Corte Inglés no hay nada azul marino. Nos marchamos para casa cagándonos en las pasarelas y los caprichos de la moda.
14.00 - Dispersión.

  • Flanco 1: Javier se marcha. Volverá mañana a quitar el plato de ducha y a seguir pensando en cómo coño solucionamos lo de la encimera. En realidad, por rara que esté la cosa, es un tipo tremendamente profesional al que tenemos muchísimo cariño. En serio.
  • Flanco 2: IKEA's men. ¿Qué tal? Pues aquí vamos, muy liaos. Fíjate cómo será que no vamos ni a comer.
    Nos dan un poquillo de lástima y vamos a por dos bocatas para ellos y otros dos para nosotros.

14.45 - Requete Caos. De vuelta con las viandas, el portavoz de los dos montadores nos dice: Oyes, una cosa, que nos hemos dado cuenta de que la pequeña barra que queríais poner de que no cabe. ¿Cómo? De que no cabe. ¿Cómo dices? Que no cabe, vamos que no hay hueco. ¿Cómo es posible que no quepa?, ¿qué habéis hecho para que no quepa?, ¿a qué dios me debo vender para que ese cacho de encimera (tal y como ambos dos payos insisten en denominarlo) pueda ser colocado? em... que no cabe, que es que si no no váis a poder utilizar el fregadero. 15.10 - Llamada a mi señora madre (encargada del trámite con el instalador). ¡¡No cabe la barra!! Imposible. Cotejo el plano que ha hecho el instalador de IKEA (estos dos que nos asisten ahora son únicamente subcontratados) y todos juntos nos cagamos en los padres, los abuelos y la práctica totalidad de los ancestros que trajeron al mundo al ser humano instalador: parece evidente que se ha equivocado en los cálculos.Haciendo acopio de las últimas fuerzas que nos quedan, le pedimos a los dos payos que sigan montando, que ya reclamaremos después a los suecos o a quien coño haga falta.
16.30 - Papeín. Nos comemos los bocatas abajo, al solecito. Uff. Un poco de calma.
17.10 - Otra. Subimos a ver qué tal. El montador portavoz nos pregunta por los tiradores. ¿Qué tiradores? Los de los Muebles. Ya, ya me imagino que son los tiradores de los malditos muebles, ¿no los tienes tú, que te has traído la puta cocina completa? Nop, es el cliente quien debe de comprarlos, aparte. Estupendo. ¿no te lo dijeron en IKEA? No, coño, de lo contrario los tendrías aquí, para su uso y disfrute. Joder –me dice el tipo-, es que estos de San Sebastián de los Reyes siempre hacen lo mismo...
17.45 - Volar. Con cien cañones por banda y el volante torcido nos llegamos hasta IKEA, insultamos en general a todo el departamento de cocinas y volvemos zumbando hacia casa con 20 tiradores. Afortunadamente no tardamos mucho y nuestros colegas montadores nos han esperado.
18.20 - Otra de taller. Nos vamos corriendo al taller. Don Felipe se excusa, prueba el coche, me da la razón en el asuntillo del volante y vamos al sitio del paralelo. El tipo, después de esperar media hora, SIMPLEMENTE HINCHA LA RUEDA TRASERA DERECHA y me dice que ya está, que claro, que estando la rueda deshinchada es normal que el vehículo se lateralice (¿?). Don Felipe no sabe explicarme cómo es posible que una rueda nueva se haya deshinchado sola, yo tampoco.
19.00 - Ultimando. Conduciendo ya recto vamos hasta la oficina de la hermana de Mer, solucionamos dos cosillas más y, con tremenda satisfacción, damos por finalizado el día de vacaciones para gestiones propias yéndonos a comprar un digno y apetitoso cenorrio.

Nota: He hablado con Javier ésta mañana. Si todo va como debe (sólo la providencia lo sabe), el sábado tendremos la cocina terminada. El champion estaba quitando el plato de ducha... ésta tarde pasaremos por allí a ver qué ha pasado.

Mirando


Sitas y sitos, buenas tardes. Tengo el placer de presentarles a Don Horizonte. Espero sepan disculpar que hoy me haya centrado en el cielo. Otro día, un trocito de Madrid.

Bolo

Ésta mañana, cuando me disponía a sacar a mis dos perros, me he encontrado con que el pobre Bolo se ha quedado tiesín durante la noche. Tenía ya 14 años, estaba francamente ciego, bastante sordo y le quedaban sólo un par de dientes. Un campeón, el tío. Estando como estaba era evidente que podía pasarle en cualquier momento, pero eso no ha evitado la llantina que me he pegado en la parada del bus. Es asombroso lo que se puede llegar a querer a un can, y éste ha pasado la mitad de mi vida conmigo. Le echaré de menos. Mucho. Y mi hermana aún más, ciertamente.

Ahí sigue Café, mi adorable perrilla (que ronda los 9), que ésta mañana me miraba extrañada sin saber, sin entender. La pobre no sabe que yo tampoco sé, que tampoco entiendo.

La lucha.

Creí que lo había conseguido. Por un breve espacio de tiempo creí que había ganado: el sabor de la victoria, la satisfacción del poder... Estaba tan absolutamente convencido de ello que quizá por eso me siento ahora tan rendido:

Las señoras de la limpieza SIEMPRE me tiran la botella de agua. Es una lucha ardua, la que mantenemos, si bien casi siempre salgo perdiendo. Y el problema es aparentemente sencillo: Si una botella lleva adosadas muchísimas etiquetas en las que se lee claramente NO TIRAR, quiere decir que no hay que tirarla. Nop. Claramente su dueño no quiere deshacerse de ella (es SU botella de agua) y, llegado el improbable caso de que quiera tirarla, lo hará él mismo, no lo duden.

Lo he intentado poniendo "Por favor, no tirar", "NO TIREN LA BOTELLA", "Do not throw the bottle away" (nunca se sabe, oye, que la desesperación imprime unas ideas tremendas), "ES MI BOTELLA" e incluso llegué a pintar una calavera con sendos húmeros cruzados debajo.
El ínfimo lapso de sosiego acaeció cuando me traje una botella de cristal. No sé por qué, pero no se decidieron a tirarla. No sé. Debió ser que las impresioné un poco (fíjate el tío este, con botella de cristal), o algo. Pero el lunes (infausto lunes) decidí que ya podía volver a mi añorada e inmensa botella de litro y medio de siempre y tiré la de cristal (medio litro). Error garrafal: Llevamos dos de dos. Ésta tarde pongo un cepo. O me vengo a las 7.30 a pillarlas in fraganti. Mejor lo del cepo.

Les mantendré informados.

Anécdota 8 - Propulsión a chorro

Lo que a continuación se relata ocurrió hace unos dos años.

Viaje a Pamplona. Ir y volver en el día a ver a un cliente bastante agradable. Billete tempranero, portafolios, un par de informes francamente inútiles, el libro que por entonces estoy leyendo y poca cosita más. Duración estimada del vuelo: una hora y diez minutos. Avión de hélice, madalenas, prensa del día y café calentito. Venga, vale, juego.

Llego a Barajas a las 8.45 y, estando como estamos sumidos en el más profundo noviembre, aún es de noche. Casi agradezco que haga un frío que desgarra dado que ayer, haciendo un tremendo esfuerzo por mi parte, me bebí un poquito de cada uno de los bares que hay en Madrid. Conforme a cómo siento la lengua, es más que probable que a última hora decidiese pegarle un par de lametones a las suelas de mis propios zapatos.

Al llegar al avión todo va conforme a lo previsto: encantadoras azafatas y yo nos sonreímos, nos damos los buenos días y nos cedemos el paso. Voy caminando hasta el que es mi asiento después de sortear todo tipo de ejemplares humanos que sé que me encontraré volviendo por la tarde. Sólo un grupúsculo de diez francesitas ñoñas fascinadas (descojonándose) por lo rupestre de nuestro arte aéreo me llaman algo la atención: olalá, yenesepás, regardés.

Después de aposentarme en mi ventana y cuando estoy a puntito de quedarme dormido siento cómo poco a poco en el avión se va quedando en silencio. Por el pasillo se acerca un elefante con corbata roja y traje gris: lo único que veo desde aquí es que porta una barba santaclausiana muy oscura que no logra disimular la inmensísima papada que tiene; también que su labio inferior debe de ser como un chuletón de buey. El tipo está lógicamente incómodo con las miradas, así que trata de avanzar lo más rápido que puede. Desplazando el generosote corpachón se viene hasta a mi lado, comprueba el número de asiento, me sonríe, me da los buenos días, y me pregunta si no prefiero el pasillo. Yo, educadito, le respondo que no, que a no ser que él prefiera ventana, estoy bien. Él me vuelve a sonreír y se sienta. El tamaño de su brazo izquierdo es como mi torso entero y, no porque él quiera sino por el barrigón que calza, lo está apoyando sobre mí. Ay. Cuando logramos adaptarnos el uno al otro, después de sonrisas comprometidas, demasiados conperdones y de algún que otro por favor, trato de conciliar el sueño.


Al poco, una vez que nos han repartido nuestros respectivos cafés&pequeñoperosabrosobollo, el monstruo se tensa un poco y, un instante después, siento una vibración extraña bajo mis posaderas. No puede ser. No, no y no. ¿Será posible? Tengo la sensación de que mi compadre acaba de dejar escapar de su orondo cuerpo un copioso y comprimido gas. Pero no puede ser cierto, me digo. Nah. Será mi monumental resaca en combinación con un avión de hélice (que obviamente vibra)... pero a los pocos segundos vuelvo a sentir un temblor muy parecido. Sí. Efectivamente. Éste tío se acaba de cuajar un pedo sordo más que considerable (yo le daba un 8,5, creo que hasta ha resoplado satisfecho), y yo aquí estoy, disfrutándolo solito. Transcurridos breves instantes de la segunda flatulencia, vuelve a moverse un poco y me regala un nuevo efluvio. Dios. No puede ser: estoy atrapado en un avión con un hipopótamo inflado y no puedo salir de aquí. El hombre, haciendo visibles esfuerzos, se coloca en su asiento, me mira, me sonríe y vuelve pasa una página del periódico que ojea. Cuando creo que ya está, que ya se ha quedado tranquilo (vacío), siento otro cuajo saliendo de su enorme (imagino orto). Dios mío. Se va a morir, estoy seguro. Al quinto pedo me dice solícito: -"Es que estoy enfermo, el médico me recomienda que no acumule gases. No tengo otra opción"-.

Él no tenía otra opción, y yo tampoco: el vuelo estaba repleto y hube de zamparme su padecimiento hasta que aterrizamos. A las 18.30, cuando me dirigía hacia el avión que me llevaría de vuelta a Madrid, volvimos a encontrarnos. El tipo me sonrió y me comentó que sus gestiones habían salido espléndidamente bien y me preguntó que qué tal todo (qué confianza le da a uno el rajarse en compañía de otro ser, ¿eh?). Le respondí que bien, que estaba como loco por llegar a Madrid para pegarme una ducha... Desde mi alejado asiento me encantó comprobar cómo, muy aparatosamente, el pobre enfermo se sentaba entre el grupo de francesitas ñoñas fascinadas.

( )


Las historias con paréntesis (me refiero a los signos de puntuación (¿por qué se llamarán estos "de puntuación" si tampoco tienen puntos (que sí que tiene, por ejemplo, el signo de admiración (creo que ahora se llaman de exclamación, dado que para admirar no debería hacer falta un signo (puede ser que el nombre viniera de la antigüedad, cualquier verso en el que se admiraba llevaba ese símbolo (¡oh, mi amada!), pero ya se sabe que las cosas evolucionan, y no siempre en una dirección mejor, obsérvese por ejemplo la política) y con el propio valor de las palabras debería ser suficiente) o el de interrogación, o el punto y coma o, en fin, una larga lista de etcéteras) como los corchetes, la propia coma o una simple raya?) no a los parénteris kitkatianos que tan de moda se han puesto, vaya) me hacen franca gracia porque todo paréntesis esconde un trocito más íntimo de quien lo escribe.

Buen fin de semana. Sean malos (o un poco pillos, venga).

Otra cosa mía en la UVI.

Introducción:
19 de octubre de 2005. 23.10 de la noche. Acabamos de salir de la segunda (e hilarante) reunión de nuestra (oh, incoherente pero afable) comunidad de vecinos. Estoy llevando a Mer a su casa. Voy por María de Molina y acabo de cruzar Príncipe de Vergara. Fantástico. Sufrimos ambos de un hambre atroz y de un frío pedestre considerable. Madrid está atascado, claro.

Cuerpo:
El taxista que va delante de mí debe de estar revisándose aquella operación de fimosis a la que le sometieron a los doce años: circula extremadamente lento y desde aquí puedo ver que no mira a la carretera. Yo, intrépido, sagaz y, sobre todo, muy cívico, decido poner el intermitente con el fin de adelantarle. Cuando por fin el hueco ad-hoc se abre ante mí, inicio la maniobra correspondiente. A medio camino él, que debe de estar ya cansadito de revisarse el pijo, decide que es el mejor momento para incorporarse a la circulación. Tan agustito, el campeón dobla el volante hacia mí. Al embestirme, el retrovisor del acompañante se descojona y yo, creyéndome muy hábil y convencido de lo que estoy haciendo, doy un mínimo volantazo en dirección contraria para evitar males mayores. Pero ay: resulta que un camión del tamaño de un camión "no me ha visto" (y cito literalmente al chavalote que llevaba el bicharraco en cuestión) por lo que, en el improbable caso de que no estuviera satisfecho con la gracia taxistil, el mencionado monstruo se desliza agradablemente por todo el lateral de mi coche rayándolo con un ahínco cuasi profesional, arrancando también la maneta de mi puerta, descojonando el retrovisor que aún quedaba vivo y, por fin, dejándome la dirección como un trapito acordeonable.
Todos nos paramos en la cuneta y ponemos las luces de emergencia. Yo estoy con el susto encima, preocupado por Mer, que me mira con unos ojos inmensos. Menos mal que íbamos a 20 por hora. Después de comprobar en un segundo que estamos bien, salgo del coche para hablar con sendos conductores. El del camión se baja acompañado de otros dos tronquitos bien alimentados. Yo llevo en la mano la póliza del coche y él se rasca la cabeza un poco nervioso. A medida que me voy acercando me doy cuenta de que algo falla. Ay, ¿qué es?. Coño. Pero será mamón: es el taxi que, como quien no quiere la cosa, está tomando las de Villadiego. Oye, Oyeeee!!! Nada, el tipo ha decidido que para marrones ya está el mundo, que cómo se va a liar él con cosas tan banales como un lechón. Mientras termino de acercarme hasta el camionero & Co. veo que Mer sale disparada hacia el siguiente cruce: el imbécil del taxista se ha parado en el siguiente semáforo, oportunidad que Mer aprovecha pertinentemente para tomar su matrícula y dejarlo marchar. Qué majo, el tío.

Desenlace:
Firmamos el parte muy agradablemente. El camionero apestaba a anís, pero no tenía yo el ánimo como para cagarme en sus dientes, así que me conformé con que pusiera que no me había visto. He dejado el coche en el taller ésta mañana: además del estropicio de la carrocería, el sistema electrónico y el cuadro de luces parecen un odiable árbol de Navidad). La sangre me debe de oler a hez negra: adoro a mi coche. Y no es porque sea el mejor (en absoluto), sino porque es mío. Y para mí lo mío es cojonudo.

En todo caso, ruego disculpen mi mal humor de hoy.

Avecrem humano

En cada planta de las oficinas en las que trabajo hay cuatro cuartos de baño, dos para cada sexo. Cada cuarto de baño está aprovisionado con dos cubículos que contienen su correspondiente taza o trono. Somos unos 76 en ésta planta. Pongamos que somos 38 hombres y 38 mujeres. En consecuencia, más o menos 19 tipos entramos en el mismo cuarto de baño y, por lo tanto, unos 10 miccionamos en la misma taza.

Hay un hijo de puta que NUNCA tira de la cadena. No hay nada que más desasosegante que entrar al baño y encontrarse con el caldo de ese mamón. Aún no sé quién es, pero lo averiguaré.
Hoy, a las 9.30 de la mañana. OTRA VEZ.

Y tirar de la cadena de nuestros cuartos de baño es bastante fácil. No entraña ningún riesgo para el ser humano. Es un maldito botón del tamaño de un puño que, para más INRI, es a lo único que puedes mirar si meas en posición vertical.

Agg... qué mala sangre.

Los Elementos



El Agua. Tres cuartas partes de nuestro planeta son agua. El agua es buena, Neptuno, agüita amarilla, Poseidón, 2 litros al día, El Diluvio, el bautizo, Escorpio... 185 euros. Síp. Dar de alta el agua (que un tipo llegue y le de a una manivela) cuesta 185 euritos. Olé, olé y olé.

La Luz. El cuarto día de la creación, Eddison, Watt, Marte, el cargador, thermomix, el dios Apolo... 129 euros. Efectivamente. Ah, señor, que tendremos que cambiar al tramo de 4.600 MW y pasar el limitador de 15 a 20 amperios, ¿le parece bien?... hum,eh... lo que usted diga, señorita. El operario se ha pasado ésta mañana, ha mirado el cuadro, le ha dado a un interruptor, se ha secado el sudor de la frente, me ha dado los buenos días y se ha marchado.

El Gas. La calefacción, la duchita, El Fuego Eterno en la Antigua Persia, el recurso limpio por excelencia. 180 euros. Así, tan agustito. "de golpe, en plan susto", que me dijo la encantadora señorita que atendió mi llamada.

En las tres gestiones el discurso fue bien parecido: Hola, hola, quién eres, pues soy tal. Ajá. Quiero dar de alta agua/luz/gas (ojito con equivocarse de orden). Bien. Dirección. NIF. Número de cuenta. Ya está. En breve se pasará un técnico. Perdón, ¿podría decirme el coste del alta? Síp: 185/129/180 Euros. ¿Ya está? Síp. Pues gracias. De nada. ¿No me podría mandar un beso, por lo menos?.

Sé que soy un afortunado pero habitar es un pastón, válgame el cielo.

10 Evidencias:

1- Miccionar después de un viaje de seis horas es un placer muy cercano al orgasmo.
2- El picor anal es uno de los estados más angustiosos que existen: si te pica el orto TIENES QUE RASCARTE. No hay otra solución posible.
3- Defecar (hablamos de unos 200 gr., mínimo) después de una noche de copas es un placer muy cercano al orgasmo.
4- Todo español medio es el perfecto entrenador de fútbol, el mejor taxista, el mejor meteorólogo y, con toda probabilidad, el mejor Ministro de Economía.
5- Los compañeros de trabajo alitósicos deberían morir, asfixiados con sus propios calcetines.
6- Que te guste Depeche Mode NO QUIERE DECIR que te tenga que gustar OBK. Odio a OBK. Visceralmente.
7- El Colirio Alfa debería estar subvencionado por la Seguridad Social. Manifestémonos.
8- Publicar un libro no implica saber escribir. Espero, algún día, demostrarlo publicando uno.
9- Los anuncios de Movistar son casi tan vomitivos como los de Pascual. Casi.
10- Cagarse en la puta es mucho más satisfactorio que cagarse en la leche. E incomparablemente mejor que cagarse en la mar.

Recemos por mi cámara

Queridos hermanos,

Nos hemos reunido hoy aquí para pedir por nuestra amiga y compañera, la Canon Ixus i5, que durante tantísimos buenos momentos me ha estado acompañando.

En éstas tristes horas de vigilia no puedo dejar de recordarla, apoyándome siempre con sus 5Mb de resolución efectiva, con su tímido pero eficaz disparo en ráfaga y, últimamente, con sus inolvidables secuencias de vídeo a 10 frames por segundo. A pesar de carecer de zoom óptico (el único zoom respetable), siempre fue como una hija para mí.



Hemos pasado mucho juntos, desde aquel día en el que le introduje una tarjeta de 256Mb y juntos retratamos a la retranqueada dependienta del Corte Inglés de Sol para comprobar sus virtudes (las de la cámara)... cómo me hinché de satisfacción, cuánto gozo, hermanos, con esa nitidez, con esa sutileza en los colores... Mi novia, a mi lado, que fue la grandísima hacedora del milagro que tenía entre las manos, sonreía viéndome encantado, henchida de gozo por ese regalo que acababa de hacerme.

Hoy debo ser fuerte. No puedo permitirme flaquear, tengo que confiar en el Altísimo Centro de Reparación de Canon y velar porque la garantía cubra la ignominia.

Porque sí, hermanos, aquí la tengo, de cuerpo presente, cerca de mi mano como siempre estuvo. Después de casi un año conmigo, recordémosla con todo el cariño y el respeto que se merece:

- Por la medición ponderada, te rogamos oyenos,
- Por los 5 modos de balance de blancos (incluyendo el manual), te rogamos oyenos.
- Por su macro de 3 centímetros, te rogamos oyenos.
- Y finalmente, por su pequeña pero entrañable pantalla LCD, para que vuelva a funcionar pronto y alguien me explique qué coño le ha pasado para que sin previo aviso (y me cago en todo lo que se menea) se haya ido al carajo, te rogamos oyenos.

humor negro


se me ocurrió ayer en el autobus. lo he dibujado deprisa y corriendo (tampoco hubiera quedado mucho mejor de haber tenido algo de tiempo).

iquea 2

Somos propietarios de un contrato que asegura que en un mes nos colocarán una cocina en casa!! Alabados sean Dios y los fraccionamientos de pagos en doce meses sin intereses!!

En la financiera les ha bastado con una fotocopia compulsada de mi padre y unas gotas de mi sangre, y finalmente me han dado la tarjeta adhoc.

Lo cierto es que Iquea está bien, qué le vamos a hacer.

Acompaño con una fotillo curiosa de un letrero (y su comentario) que me he encontrado en un pasillo que va hacia los baños de la cafetería.


iquea



13.40 bien, bien. vamos a encargar la cocina, definitivamente. ay, qué ilusión; ay qué bien. tráfico. mierda de plaza de castilla, queso gruyer. 13.50 incorporación m-30, jodida incorporación. autobuses verdes. putos y más putos. 14.05 carretera de burgos. nacional uno. más tráfico. para cuándo los coches que vuelan. para cuándo un helicóptero (o en su defecto ametralladora para acojonar al personal). quiero una sirena (con su correspondiente luz azul parpadeante) para plantarla en el techo del coche, poner cara de mala hostia y hacerme el poli malo...

(acotación; ayer quedé fascinado: saliendo de mal comer en la cafetería de los suecosmontamuebles, me encontré de bruces con la clásica madre rubia platino, camiseta ajustada, pantalones violantes, tacones queyaquisieraelfari, colgajos plastificados de mil tamaños y colores, gafas de sol diademeras y etcétera, que agarraba a su chillante -jodidamente gritante- niño y le espetaba que callase -escupiese o matase-. hasta ahí todo normal: berrinche espantoso y agudísimo del zagal, madre encabronada y colega de la madre que, escéptica y orgullosa de su diu, se recrea con el espectáculo que está montando el pequeño joputa. en pleno jaleo, la madre señala a un guardia de seguridad (que estaba tan agustito, viendo pasar minutos y segundos y muchachas de buen ver) y le grita al niño amenazante: -"ojito que llamo al picoleto"-. impresionante. debería de haberme quedado allí a comprobar la respuesta del ser humanito, pero no tenía palomitas -ni kikos, adorables kikos- y, como seguidamente contaré, estaba ya con cierta prisa. en cualquier caso, qué didáctico, ¿eh?)

...14.25 llegamos a iquea y aparcamos mal. entramos en la macrotienda con la intención de llegarnos hasta la zona de las cocinas rápidamente. imposible. hay que seguir la línea amarilla (mago de coz). 14.30 llegamos a nuncajamás y, oh fausto, esperamos media horita hasta que nos atienden. 15.00 los suecos ya son españoles: empezamos a hablar con la amabilísima attendance sobre el presupuesto, los planos y el proyecto que ya teníamos. hay que cambiar dos cosas, nada más. qué amable es la señorita. esther. síp, un encanto. a los cinco minutos aparece silvia, que no sabe cuándo llega iván y que ella tiene que comer. a esther le parece fatal que iván llegue tarde y comentan lo malo que es iván. a los dos minutos aparece silvia de nuevo preguntando a esther que cuándo llega el pedido de los aargnann (o algo) que un cliente está esperando. esther cierra el programa de proyectos y abre el de pedidos. después de diez minutos silvia puede decirle a su cliente que los aargnann (o algo) llegarán en veinte días. 15.30 claudia, que aparece encendida y muy enfadada, le pregunta a esther que dónde está iván, a lo que esther le responde que hable con silvia, que está indignada. claro, con tal indignación (tamaño descaro de iván) qué menos que comentarlo entre las tres durante otros diez minutos. 15.45 cuando acabamos de conseguir cambiar los modelos de horno y microondas, esther recuerda que tiene una llamada pendiente. nosotros, que somos gente de bien, entendemos las prisas de esther, que una llamada es una llamada. 15.55 estando ya de vuelta nuestra adorable dependienta, retomamos el asunto del lavavajillas. claro, como esther trabaja únicamente en la sección de cocinas (para asombro de silvia, que acaba de llegar cagándose en la leche y sobre las mamás de los de los salones, que salen a las 14.30) no sabe cómo se integran susodichos electrodomésticos. esther llama a silvia, silvia a claudia y al rato aparece carlos, el puto amo de los lavavajillas. 16.05 o se integra o se compra en otro establecimiento. a tomar por el saco el lavavajillas integrado. cuando parece que estamos terminando, hablamos de la financiación. tarjeta iquea. no la tengo, ¡oh!. hay que hacérsela. 16.10 corro a la financiera y allí me sacan un dedo (delicada y amablemente, eso sí) porque no tengo una factura en donde aparezcan mi nombre y el número de cuenta. vuelvo a la sección cocinas, en donde esther está echándole una bronca considerable a iván, que acaba de llegar y pide mil perdones. esther imprime ni sé cuantísimas copias de la futura factura (agg...) y me emplaza para hoy. 16.25 armados con un par de sandwiches (después de la aventura de la madre castigadora) nos volvemos a madrid.

estimados lectores... en dos horas salgo para iquea. les mantendré informados.

sinclair, el reportero más dicharachero de barriosésuamo.

yo


El nene cazado en instantánea cuando instantaneaba.

Eclipse


Un momento de oscuridad. De silencio. Un agujero en la luz que no deja pasar más que una sombra de ésta. La cópula entre los astros. Me encanta...

La foto que adjunto es la menos cutre que he podido hacer. Obsérvese que en la redundancia del cristal se ve "algo" mejor el famoso halo.

Cuento de Hadas

El Cuento de Hadas más Corto
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Había una vez un muchacho que le preguntó a una chica si se quería casar con él.
La Chica dijo "no".
Y el muchacho vivió feliz para siempre, bebiendo cervezas con sus amigos, tirándose a numerosas mujeres y yendo al fútbol a menudo.

FIN

Nota: no es mío, pero me ha encantado!!

Joder con el Spam en los comentarios

Estando como estoy hasta las mismísimas pelotas de recibir comentarios spameros a cada post que publico, en los que:
  • se me recomienda cómo alargar mi pene,
  • cómo vender mi coche o a mi madre,
  • incluso dónde adquirir máquinas para rizarme el pelo,
he decidido "instalar" el criterio de control que blogger facilita: hay que escribir una serie de letras que aparecerá debajo del cuadro de texto para poder publicar aquello que se quiera decir.

Propongo un juego: tenéis que tratar de construir una palabra con las letrujas que salen.

Ahora haré una prueba para que veáis.

Con Dios...

peñaZoo '05

Seres, aquí os traigo un mes de puro gozo. Altavoces altos y a disfrutar!!!







Snif... aquellos maravillosos meses...

Mil vidas.


Mi hijo nació el 26 de febrero de 2007. Yo nací el 23 de septiembre de 1978. Mi mujer también nació ese mismo día. Qué lindo, pensamos después de aquel primer café. La vida se hace de casualidades que surgen de actos de los que no somos responsables. Qué simpáticas coincidencias. Ella es un poco más baja que yo y yo soy un poco más grueso que ella. A los ocho meses de aquel café en Oviedo quisimos casarnos y nos casamos. Mis padres quisieron a los suyos y los suyos quisieron a los míos. Ella quiso a mi padre y yo quise a su madre. Somos de provincias diferentes, me divierte su acento gallego y a ella le divierte el mío andaluz. La celebración fue muy simpática. Como todo en la vida. Como la fortuna, o los hados. Mi hijo murió el 28 de febrero de 2007. Era diferente. Le queríamos mucho, más de lo que se puede querer. Qué casualidades, qué poca fortuna. Mi mujer nació en Madrid el 23 de septiembre de 1978 y yo nací en Madrid ese mismo día. Mis padres adoptivos son andaluces, los suyos gallegos. Lástima no haber sabido hasta hoy, y sólo hasta hoy, que somos hermanos.

Un momento.



Sólo de ti se hace mi aire,
nada más que de ti,
de tus ojos de madera y fuego,
de tus labios de hiel y carbón.

Se quebró mi alma escuchando
la canción del viejo amanecer,
se perdió entre los pliegues de tu piel,
loca allí,
loca y revolviéndose con el ansia de la luna y la sal;
allí,
a tus pies,
allí buscándote como un faro ciego,
sin boca,
sin sangre,
sin más refugio que el recuerdo de la mar.

Probando voy... probando vengo...

Una prueba. Ay, qué nerviossssssss. Un ínfimo extracto de las fiestas en Torrecilla. Comprueben el ritmo de nuestro maestro de nada...





suicidios y guerras

El otro día leí que los suicidios causan al año más muertes que las guerras.

Las fuentes parecen fidedignas: la OMS, la IASP (ojito: Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio) y la OPS (Organización Panamericana de la Salud).

Independientemente de la repulsa que me generan las guerras, la noticia me llama tremendamente la atención en lo que al suicido se refiere: es impresionante cuantísimas personas se suicidan. Personitas como tú y como yo, al fin y al cabo.

Recuerdo una discusión que mantuvimos un gran amigo mío y yo acerca del suicidio precisamente después de volver a ver "El Club de los Poetas Muertos", hace ya muchísimos años. La película es fantástica y muchos recordaréis que uno de los alumnos se suicida.

La discusión se fundamentaba en la determinación que un individuo debía tener para suicidarse (no hablo aquí de la inmolación ni similares, no vienen al caso): ¿hay que ser un valiente para quitarse la vida?, ¿será por el contrario un gesto de cobardía para afrontarla? Probablemente se trate de una mezcla de ambas cuestiones.



A mi humilde parecer, después de haber pasado por lances que no son pertinentes en éste momento, ha acabado pareciéndome algo francamente cobarde. Quizá sea porque, aun habiéndolo pensado a veces, ahora tengo la sensación de que la vida, y solo la vida por sí misma, es lo más fascinante que existe.

Citaré a mi abuelo, uno de los seres humanos más interesantes que hayan existido (murió hace tiempo, el hombre): -“Juanillo -me decía con voz queda y mirándome a los ojos-, el sentido de la vida no es más que la vida misma”-

Lo que me asusta un poco es el pensar en las miles de justificaciones, en los millares de razones que habrán pasado por esas cabecitas antes de haberse decidido. Estoy un poco harto de escuchar que todo se debe a la sociedad y a cómo nos vamos haciendo más retraídos y míseros para con los demás y nosotros mismos. No me sirve, sinceramente.

Olé por los valientes.

las cosas claras y la caca dentro



La fotografía que acompaña éste post fue tomada en los servicios de una estación de ídem sita en la carretera de Soria a Logroño. No diré cuál es por proteger tanto los derechos de privacidad como las admirables cutrerías de los propietarios.

Por si no resulta legible, traduzco: "La caca dentro, por favor".

¿Por qué un gasolinero escribe en un azulejo tamaña orden?, ¿por qué del ruego cuando parece evidente que la caca siempre va dentro?, ¿cuánto cabrón hay en éste mundo para que el tipo, desesperado, haya tirado del pertinente eding en un mar de ansiedad?, ¿cuántas siembras le habrán dejado fuera? y lo que es aún peor, ¿le hará caso el vengativo caganini?

Os tendré al tanto. Y que Dios salve al gasolinero.

Bombilias


Señoras, caballeros, señoritas, caballeritos, ésta es una foto de una bombilla. Concretamente de la bombilla que durante tantos años me ha estado acompañando en mis horas de antiestudio. Verán que es una bombilla que, muy dignamente eso sí, perdió el culo por mí. Por eso, y por otras tantas anécdotas que no vienen al caso, afirmo y reafirmo: que viva la madre que te parió, bombilla. Que la paz sea contigo y que, allá en donde repose tu alma de wolframio, el paso inexorable del tiempo sea simplemente una caricatura de la que partirse de risa.

Holaaaaaaaaa

Soy un desaaaaaaastre. En fin. Aghh! Tengo muchas cosas que hacer y muchas que actualizar. Ay, la de tiempo que le debo al blog... Me raptaron dos pingüinos muy cabreados (un ex-fumador y un pingüicalista radical) y, después de torturarme con todo tipo de armas hipotecarias, me impidieron el acceso a la red de redes: -"pa que te jodas"- decían todo el rato. Una vez que por fin he sido liberado (gracias a la intermediación de un extrañísimo grupo de congresistas liberales vestidos de faralae con botas camperas), retomo las viejas y buenas costumbres.

He dicho.

Nota: El pingüino volvió a fumar. Réquiem por el pingüino. Lo siento, sufro síndrome de estoeselcolmo (nota de la nota: releo la estupidez del síndrome y me avergüenzo de lo poco gracioso que, en ocasiones, soy).

Costa Rica

Sé que no tengo vergüenza (ya es tarde para eso, creo) pero es que... coño, el sábado... ay, el sábado llegué de Costa Rica.

La de Dios. No tengo palabras. Confío en irlas teniendo poco a poco para poder hablaros de aquella maravilla.

Desde mi último post no hacía más que darle vueltas al viaje y, qué puedo decir, mi tiempo libre delante del ordenador estaba totalmente focalizado a la búsqueda de Parques Naturales, Reservas Ecológicas y todo tipo de maravillas.

Monos, iguanas, basiliscos, tiburones, árboles de 70 metros de altura, arrecifes de coral, gente encantadora, colores, sabores, fruta y más fruta, arroz y pollo (hasta las pelotas acabas, pero qué coño)...

Seguiré....

¡¡PURA VIDA!!


Es la expresión más bonita que he oído en mi vida: La utilizan para un simple sí, para un de acuerdo, para un buenos días, para un estupendo...

El nene ha vuelto

Qué gustito de vacaciones, mon dieu.

Confío en que las vuestras hayan sido bien buenas!!

Lástima que sea martes y aún esté en la maldita oficina. En fin. I'm back.

Saludetes,


jsf

El nene se pira

Me piro de vacaciones... Necesito descansar y tratar de desintoxicarme un poco: actividades sanas, buenas, saludables, vigorizantes, revitalizantes y... en fin, algo.

Voy a echar mucho de menos a Mer (¡ay!), pero por lo demás estoy encantado de poder marcharme al campo.

No creo que pueda conectarme así que saludetes a td@s y que lo paséis bien.


jsf

Y no lo olvidéis: Más vale la mano en el pájaro que pájaro en mano; o cría cuervos y tendrás muchos.

Anécdota 7: "Er Cajco"

Premisa 1: Nestares es un pueblo sito a unos cinco kilómetros de Torrecilla (base de operaciones elemental). Su población en invierno llega hasta la asombrosa cifra de 3 seres humanos; en verano incluso supera los 15. Quieran los hados del destino que las fiestas de tamaño pueblo sean un fin de semana ANTES que las del nuestro, razón que nos obliga a invadirlo inevitablemente, con la finalidad de: uno, bebernos todo aquello susceptible de ser bebido y; dos, entrenar e ir calentando a las huestes para que el fin de semana siguiente sea, otro año más, memorable.

Premisa 2: A Nestares se sube de noche y andando. Andando y por un campo de piedras que te cagas. Durante el día previo a la excursión hay que rezar para que no llueva y para que la noche sea clara y con luna: los lechones habidos son memorables muy a pesar de las linternas.

Anécdota: Son las seis y media de la mañana. El paisaje es desolador pero... ¡aja! hete aquí que aún queda en pie un pequeño reducto de héroes de la cuadrilla: La Resistànce (alegórico me encuentro hoy). Obviamente nuestro estado es detestable pero, dado que la perspectiva de marcharnos caminando se hace terriblemente dolorosa, decidimos echarnos un último alguito al gaznate para insuflarnos cierto ánimo. Entramos en el único bar que hay en el pueblo (de hecho es un Centro Social que solo abre los findes impares, creo) en donde el camarero nos mira con ganas de llorar. Entre vítores y algún son del Tractor Amarillo procedemos a hundirnos un poquito más en la miseria... no han pasado cinco minutos cuando de repente El Venao resuena berreado a nuestra espalda: Son dos tipos de Torrecilla ostensiblemente machacados que se van jaleando el uno al otro a ritmo de pacharán.

Sea como fuere (ay, la amistad) nos liamos a hablar y se ofrecen a bajarnos a Torrecilla en el pedazo de Land Rover de uno de ellos: el bicharraco en cuestión es uno de los antiguos, un autobús verde y con unas ruedas del tamaño de un portón. Dos aceptamos al momento y el resto se achanta bajo la inteligente premisa de que más vale resbalón torpe que hostión en coche. Al montarnos en el vehículo, mi compadre decide que es el mejor momento para echarse una cabezadita mientras yo, que aún mantengo cierta (ínfima) dignidad, voy empezando a darme cuenta de en dónde me he metido: estos dos campeones se están zumbando a morro una botella de pacharán, la mirada del que conduce es la desasosegante mezcla entre la de un camaleón y la de Fernando Trueba (con todo el respeto), el otro decide mear por la ventanilla y yo empiezo a acordarme de la madre que parió al mundo. A todo esto el conductor decide que qué coño, que para qué está un Land Rover, que vamos para abajo pero en línea recta: campoatraviesa, joder. Y más feliz que una perdíz el pavo enfila un campo de trigo y tira toderecho. Con el bamboleo (la de Dios) mi colega dormido (increíble) se está pegando unos carajales contra la ventanilla de narices así que el conductor, muy resuelto él, decide que, y sacando uno del maletero, lo mejor va a ser plantarle un casco. Y así llegamos hasta abajo: el nene santiguándose con una mano y con la otra apretando el melón reforzado de mi compadre contra el cristal para evitar que rebote.

Total, que cuando bajo del coche y tiro de mi amiguete, el pobre despierta. Como lógicamente (por el bebercio) le duele, se lleva las manos a la cabeza y de repente su expresión cambia con tremenda alarma: empieza a darse golpes suavemente mientras nosotros tres nos partimos la caja torácica: el pobre no se da cuenta de que lleva un casco puesto hasta pasados quince segundos... No he visto tanto miedo en la cara de alguien en muchísimo tiempo…

Rimas indirectas y semisonantes

Pensamos: Ay.
Nos decimos: Verás...
.
.
Me dice: Si no tienes bonometro, no pasas
Pienso: No tengo bonometro, no paso.
Me dice: Y no me vengas con cuentos, que me las sé todas.
Pienso: No irle con cuentos que se las sabe todas.
Me dice: Anda y marcha para afuera.
Pienso: Ando y marcho para adentro.
.
.
Nos decimos: Listillo.
Pensamos: Ojalá te pudras en el infierno.

-(+*+(- mArTeS -)+*+)-

Maldita sea. Voto a verdes y bríos las han segao. Siempre es lo mismo cuando vuelo. Lo tengo dicho, lo tengo dicho, lotengodichOoOoOoOo: que VOLAR NO ES MOCO DE PAVO (además, que ellos no vuelan, muy a su pesar, y lo sabré yo que como Director del Área de Negociado tengo que estar escuchando constantemente sus estúpidos lamentos sindicantes: los pavos no vuelan pero reivindican tener el derecho a hacerlo. Necios. Son los únicos que no reían cuando todos juntos y en armonía vimos la Vida de Brian; en fin, pavos, nunca puedes contar con ellos). ¡Oh alegoría! Cuando antaño volé con aquellas dos rechonchas y posteriormente caldosas gallinas, Justa y Fernanda (que sí que pueden volar, pero ocurre que no quieren hacerlo, es así de sencillo: que no vuelo y San Se-acabó, dicen todas; los pavos las odian, en consecuencia) el temita era diferente. Siempre me ocurre lo mismo. Siendo yo el único humano que vuela, me desespera tener que escuchar siempre las mismas cosas.

Desde ésta plataforma al mundo, desde éste púlpito electrónico que las redes me otorgan DIGO:

1- Respétense a los hombres y hombras de bien. Carayo.
2- Crúcense las calles por los pasos de cebra (copyright motherearth)
3- No me digan que no se os lo avisé.

OTRODIGO:

1- Se va el caimán. Y se va, que todos lo sepan, por la barranquilla. Y así no son las cosas, caimán, que no.
2- Vendan su alma a Super Ratón. Mineralícense y Vitamínense. O no, que dijo mi portero.

He dicho. Hoy, que tengo el día surrealista y me niego rotundamente a volver a tratar acerca de la (ella) hidráulica, una rama del conocimiento que, a diferencia de la hidrodinámica, creció cada vez más y más.

Y punto.

11M Posted by Hello

Un año. Dios. Un año entero.

Anécdota 6: InvisibleMan...

Anécdota: Sábado noche (feever!), rondarán las cuatro de la mañana y el Señor Curro acaba de llegar a casa (la de sus señores padres, por ende). El tipo lleva un carajal fantástico (cervezas, vinillo, pacharanes y cienes de copas rematando).

Como casi todo el mundo en situaciones de éste pelo el chico trata de hacer el menor ruido posible pero, dado el balanceo escoradísimo al que está sometido, se zampa un lechón de órdago contra una esquinera de la entrada. Su madre, alterada por el golpe, se levanta. A él, que oye que alguien se mueve, le entra el canguele lógico: Como me cacen con ésta melopea, soy un Curro muerto. Total, que con la poquísima destreza que aún le queda se mete en el salón. Su madre, que ya se ha plantado las pantuflas y la bata, comienza el trasiego por el pasillo.

Y entonces ocurre. Acaece.

¿Qué mejor manera hay en el mundo para pasar inadvertido, para que nadie sepa que estás? Pues coño, es evidente: haciéndose invisible. ¿Y cómo se hace uno invisible? ¿Eh?

Fruto de la soberana mamada (con perdón) Currito logra quitarse TODA la ropa en los pocos segundos que transcurren hasta que su madre llega al salón.

Imagínense el espectáculo: Curro paseando con el badajo al viento y tan tranquilo por delante de su madre, y ésta, la pobre mujer, absolutamente flipada viendo cómo el Champion de su chavalín pasa por su lado en pelotas con toda la intención de tomarse un vasito de agua y echar un pis antes de acostarse.

Anécdota 5

Por el culo te la hinco






Nota: tenía que hacerlo...

Anécdota 4: National Geographic

Premisa 1: Nadie en mi familia es racista.

Premisa 2: Hablaré de un sobrino mío (se trata realmente del hijo de unos primos), al cual, sin perjuicio de lo que a continuación contaré, adoro. Bien, el niño en cuestión es muy inquieto (MUY inquieto): está todo el día danzando, tocándolo todo, dando golpes y machacando al personal. Cuando tiene el día fino lo único aparentemente factible es su muerte (rápida). Y es que encima chilla. Y llora, y patalea y se cabrea como si le estuvieran pellizcando los huevos con unas tenazas al rojo vivo. Y todo ello sin ninguna razón aparente. Pudiera ser que sea hiperactivo, aunque aún no está del todo claro. La consecuencia final es que, para unos padres primerizos como los suyos, el niño (para más INRI) está más mimado que el gato de Luis XVI.

Anécdota: Se dirige mi prima con su hijo a un Centro Comercial. La madre lleva enganchado al lomo no sé qué sillacarritocunacama con no sé qué función y que le ha costado no sé qué barbaridad. Casi en la puerta, se ve en lontananza a un tipo de color (negro) armado con un fajo de periódicos que va dando el coñazo (lo siento: es un coñazo) a los transeúntes para que le compren un ejemplar. El tipo no es que sea negro, es que es azul marino, ébano y noche cerrada, como el pelo de los Clicks (agg, soy viejo).

Imperceptiblemente, el dúo sacapuntas y el tipo en cuestión se van acercando... para cuando mi prima se quiere dar cuenta, le petit cabrón(*) está con la boca abierta señalando al vendedor con su espada láser Star Wars Episodio III. La madre, llena de vergüenza e intuyendo lo peor, insiste al chaval a que le siga pero el muy melón ni se inmuta. Ya con cierto apuro y bastante más alto, vuelve a decirle al mamoncete que venga, vamos para dentro, que hay que cambiar el carrito del nene. Pero aquí el mini Skywalker no puede parar de mover el sable de arriba abajo sin apartar los ojos del tipo (que ya se ha percatado del chiquillo). De repente el encantador bichillo le da a un botoncito del sable y del extremo sale un punto de luz roja que va a parar en mitad de la frente del pobre y anonadado hombre. La madre, que ya no sabe qué hacer, se le acerca por detrás y justo cuando va a cogerle del hombro, el pequeño malandrín empieza a gritar:

-"¡¡Mamá, mamá!! UN MONO, mira, ahí hay UN MONO, UN MOOOONOOOO!!!"-.

Epílogo: En Reyes le cayeron a mi sobrino todos los juguetes en los que había niños negros (y de todos los colores, que me lo veo señalando a un chino y gritando al viento “Mira un pis, mira un pis”: cuentos, figuras, puzzles…


(*) Expresión encantadora robada a Pérez-Reverte. Tanto en “Cabo Trafalgar” como en “La Sombra del Águila” así se refiere a Napoleón Bonaparte: le petit cabrón. Bueno, ¿verdad?

Respuesta para Joe

Este post es la respuesta para uno de Joe, en el que plantea ciertas cuestiones que parece le servirán para escribir un artículo. Echádle un vistazo a su post, seguro que hace algo interesante.


1.- ¿Por qué escribes?
Sufro dos enfermedades: la diarrea mental y la curiosidad, que todo lo emponzoñan y todo lo crean. Posiblemente tenga mil razones más, pero mientras pensaba en ellas se agolparon en la cabeza y ahora mismo se me escurren por las orejas manchándolo todo.

2.- ¿Qué género sueles cultivar?
De todo… al principio sólo eran la pasión y la poesía, luego me interesó el miedo y después la risa. Luego todo junto: en relato, en cuento, en poema o en novela (lo hice… escribí una). Y el amor, cómo no. Creo que me interesan los sentimientos en sus extremos. Espero no descartar nunca nada.

¿Por qué?
No lo sé. Creo que me divierte investigar las posibilidades (las mías y las de otros). Sólo pretendo que me divierta (cuando diversión significa multitud de cosas).

3.- ¿Por qué elegiste un "Cuaderno de bitácora" para publicar?
Porque un amigo lo hace y me animó a ello. Luego he descubierto que de alguna forma me libera un poco. Además, hay momentos en los que mis eternos miedos a escribir se convierten en sólo un eco lejano. Confesaré que me gusta que me lean.

4.- ¿Has publicado en otros medios (libro, revista, lista de correo, usenet, web personal, revista electrónica...)?
Sí, en alguna revista. Y en un libro de poemas (de eso hace ya tanto…).

5.- ¿Has practicado algún juego literario?
Nunca de otros. Suelo ser yo el que me planteo los juegos: cuentos que sean una sola frase, pequeños relatos contados al revés… aquello que pueda ocurrírseme.

Patio


 Posted by Hello

Grande o chiquito, lleno de ruido o de silencio, conformista o gritón. Allá en donde se ve lo que nadie quiere enseñar, en donde cae lo inconfundible, en donde se mezclan todos los ojos sin que nadie los vea. Una luz vespertina, la radio, el eco del despertador. Un llanto o un grito, las risas. Los olores, el calor, la calma o el sueño. La siesta o el jolgorio. Un patio.

Anécdota 3: Spiderman

Anécdota: Junio de 1999. Jueves. Es la una y media de la madrugada. Agg. Estoy en la puerta de casa con un alegrón (es un decir) encima de la leche: Ole, ole y ole, mis caracoles. Y es que a las siete de la tarde salía de la oficina con unos cuantos compañeros y con la sanísima y pudorosa intención de ingerir una cerveza (máxime dos, lo juro) e irme al sobre a descansar. No fue así. Ay. Después de buscar por todos mis bolsillos llego a la tristísima conclusión de que me he dejado las llaves en el cajón de la mesa: fenómeno, me siento un crack. A riesgo de morir o ser deseredado decido llamar al telefonillo y curiosamente no me responde ni el perro (harto complicado, por otra parte). Como estoy más crecidito que Flash Gordon llego a la conclusión de que lo mejor que puedo hacer es saltar la valla y así, como mal menor, puedo arrebujarme a dormir en el porche, en el césped o, si es menester, pegarme un baño en pelotas en la piscina. Recordando lo sencillo que era hacerlo en mi tierna infancia me acerco a la esquina por donde habitualmente lo hacía y me encuentro con que mi portero (más versátil que una thermomix) ha "instalado" ciertas medidas de seguridad. Me sonrío bien chulito en gesto McGiver y me encaramo a la valla. Huelga decir que voy trajeado, corbata y portafolios incluidos. Cuando llego a lo alto del murete veo que hay un precioso alambre de espino a conjunto con unos pinchos de hierro de aquí te espero. Francamente ortopédico, paso por encima (después de clavarme un poco todo en las manos y engancharme los pantalones tres veces). Al pasar al otro lado me encuentro sobre la caseta de la depuradora, desde la que fácilmente podría saltar al suelo. Al sentarme sobre el tajadillo siento como se me hincan en las posaderas unos amabilísimos clavos y, en gesto agónico me lanzo al suelo. No debería haberme sorprendido al encontrarme aquello lleno de cristales rotos, pero lo hice, francamente... Magullado pero aún con el ánimo invencible, decido buscar alternativas desde dentro: El portal no se abre (lógico), mi hermana no escucha las pedradas que le estoy pegando a su ventana, siguen sin descolgar el telefonillo y empiezo a cansarme. Después de echar un pis detrás de un matojo y de recorrer el porche unas cuantas veces me llega inspiración, la luz, la sangre a borbotones al cerebro: coño, vivo en un primero: la ventana. Bailando claqué y más feliz que una perdiz me dirijo hasta el jardín: a pesar de tratarse de doble ventana sé que con un par de golpecitos se pueden abrir. Ahora, ¿cómo llegar hasta allí? El pino. Tengo un pino justo enfrente de mi cuarto. Dejo el portafolios en un banco y, sin pensarlo un segundo me agarro al pino y empiezo a trepar. He de apuntar ahora que el pino en cuestión (ahí sigue el tío) es relativamente alto, pero el diámetro no es mayor que el de una pelota de balonmano. Lógicamente, a medida que voy llegando hacia la copa aquello se tuerce en plan catapulta infernal (grandes, los gemelos Derrik de Campeones) balanceándose de un lado a otro como un junco al viento. Si a eso le unimos que mis capacidades trepadoras están muy menoscabadas por: uno, mi lozanía (70 kilitos -los de entonces... ¡ahora más!- de Dios); dos, mi ebriedad (el güijqui maldito); y tres, el disfraz de chico elegante, podéis haceros a la idea de lo que me costó conseguir, después de ni se sabe cuantísimos intentos, llegar hasta arriba. El caso es que, una vez "on top of the world", logro ir balanceando el pino hasta que, en un salto fantástico, me cuelgo de las jardineras de obra que hay en mi casa. Bien, pienso entonces, lo hice, soy un monstruo. Pero hete aquí que me encuentro con lo más inesperado: cuando trato de alzarme a la maceta tirando de mi majestuoso cuerpo no me muevo ni un centímetro: no me queda un pijo de fuerza. Por más que lo intento, no hay forma. Joder. Apunto de echarme a llorar miro hacia abajo y encuentro la solución a la altura de mi cintura: el desagüe de la maceta. Si logro plantar ahí un pie me podré impulsar con la pierna y problema resuelto. Haciendo un último esfuerzo logro poner la peana en el borde del desagüe y, con todas mis paupérrimas fuerzas pego un tirón hacia arriba. Pero el puto desagüe es una manguera. Las mangueras no son resistentes. Las mangueras se doblan... así que me resbalo y me quedo colgando de un brazo. Agg 2. Mierda. Viendo que estoy a punto de pegarme un lechón contra el suelo y como alternativa a no poder subir el brazo que tengo descolgado, me lanzo contra el pino para amortiguar el golpe. Y curiosamente me vuelvo a quedar agarrado casi en la copa del pino. Cuando estoy volviendo a intentar el salto oigo la puerta de entrada. Sin pensármelo dos veces me dejo caer al suelo. Imaginaros la cara del pobre tipo que entraba a su casa relajadamente después de una noche de asueto personal: sin comerlo ni beberlo le cae del cielo un vecino despeinado, con el traje hecho un Cristo (nunca mejor dicho), apestando a resina con cocacola y que no puede pronunciar ni su nombre. Nasnoches, le dije. Buenas noches, me dijo él aún temblando. Ques que me he dejao las llaves en laficina, le digo. Ya, responde él. ¿m’abres?, le pregunto. Claro, dice él. Así que el pobre hombre, mirándome acojonado y sin saber qué coño había pasado, me abre la puerta. Tamañana, le digo. Adiós, me dice él. Llegué a casa y llamé al timbre de la puerta. Mi padre, con los ojos llenos de legañas me abrió alucinado y se volvió a la cama sin pensar mucho en mi aspecto. A la mañana siguiente (la cabeza me estallaba) bajé a comprobar qué demonios le pasaba al telefonillo. Desconectado, por obra y gracia del padre del vecino que me encontró escalando. En fin.

Anécdota 2: La plantación contraataca

Premisa 1: Este es un epílogo a la anécdota 1 y tiene que ver con lo que Joe apunta en su comentario a dicha anécdota: el papel. El papel higiénico es como un dolor de muelas: hasta que no te jode, no sabes lo que es sufrir. En los baños de la empresa, distribuidos como en el anterior post comentaba, hay siempre dos rollos por cubículo y si por un casual faltara (caso extremo), hay un armarito en los propios servicios en donde se guardan innumerables reservas. Obviamente antes de entrar al baño a reforestar uno siempre comprueba que hay papel.

Anécdota: Ha pasado una semana desde la anécdota 1. Es jueves y son las siete de la tarde. Sigo siendo el nuevo. Voy a tomar una cervecita (miento, sé que serán más de una y que luego habrá que rebajarlas con algún espirituoso al uso...) con una amiga y contarnos las penas (múltiples las de ambos, por entonces); a lo largo del día hemos ido hablando y finalmente hemos quedado en que en cuanto llegue a la zona me llamará y bajaré a buscarla. Bien. Siendo como decía las siete y previendo que está apunto de llegar, cojo mis cosas y me dispongo a bajar. Un segundo antes de llamar al ascensor decido volver por donde he venido y entrar al baño a echar un pisete: debo preparar mi vejiga para la maratón que se le viene encima. Al entrar al baño compruebo que uno de los servicios está ocupado. No problem. Entro en el otro y, justo en el momento en el que empiezo a miccionar (uff...), suena mi móvil. Habitualmente lo tengo silenciado pero, dado que hoy estoy esperando una llamada muy concreta y más vale prevenir, está a todo volumen. Coño, vaya por Dios. Con cuidado de no liarla, echo mano al bolsillo y respondo a mi amiga, diciéndole que en un periquete estoy abajo. Después de dos sacudidas y un escalofrío me guardo el miembro y voy a lavarme las manos. En medio del aclarado escucho cómo se abre una rendija de la puerta del servicio ocupado y, sin poder evitarlo, me doy la vuelta: Allí está de él nuevo. El Puto Amo. Asomando el bigote y un ojo (el mismo Saurón en pelotas), me mira un instante y, después de un segundo de terribilísima tensión, el tipo saca un brazo por el huequecito que ha dejado y dice: “Papel, por favor, papel”. Joder, me tenía que pasar a mí. Abro el armarito de reserva y cojo el único rollo que queda. Por un instante me siento totalmente poderoso: yo tengo el papel, y tú el ojal emponzoñado, pienso. Vuelvo a mirarle y, como no podía ser de otra forma, le alcanzo el rollo.

Salgo del baño con una sonrisa de oreja a oreja: acabo de ver al Puto Amo como un pingüino, pantalones por los tobillos y calcetines a media asta... ¿se acordará de esto en las subidas?

Anécdota 1: La plantación

Premisa 1: Tengo la afortunada, liberadora y más que satisfactoria suerte de poder ir al baño en el momento y en el lugar en los que mi agradecida anatomía me imponga: no me importa estar en un bar curte, en un restaurante caro, en la ópera, en el campo o en donde sea: cuando el nene (yo mismo) ha de plantar, el nene planta: únicamente le pido a Dios un agujero y algo de papel (confesaré en alguna otra ocasión que, cuando la necesidad aprieta -nunca mejor dicho- llega a darme total y exactamente igual el tipo de papel del que se trate). Bien. Hay personas que, de no ser en su propia casa (en su propio váter, concretando), no pueden hacerlo; de hecho conozco a gente que, habiéndose marchado de viaje por una semana, son incapaces de hacer de tripas corazón en los siete días (SIETE DÍAS). Siento franca pena por esos seres humanos.

Premisa 2: Hace ya casi dos años que entré a trabajar en donde actualmente lo hago. Las oficinas son grandes y diáfanas; bastante agradables, diría yo. Las separaciones modulares (salas de reunión, etcétera) son sencillas: se pillan cuatro paredes, se sostienen del techo, se agarran al suelo y ya tienes un despachito multihobby montado. Con diferente tipo de pared, puertas y suelo, pero así son también nuestros cuartos de baño. Apuntar que son chiquitos: una entrada en donde está el lavabo y dos puertas detrás de las cuales están sitas sendas toilettes.

Premisa 3: Existe universalmente un acuerdo tácito: cuando dos cagan en el mismo baño siempre hay uno que termina primero. Obvio, ¿no? De acuerdo entonces; pues el segundo debe esperar (casi tiene la obligación de hacerlo) hasta que dicho primero se haya marchado del servicio para poder salir. Así son las cosas. Da igual que después haya entrado otra persona: lo importante es que aquellos que han plantificado en equipo no se vean el jeto.

Anécdota: Es viernes y hace tres días que he entrado a formar parte de mi nueva empresa. Como todo puto nuevo llevo esos tres días leyendo archivos, expedientes, directrices y demás sandeces obvias y aún más aburridas (véanse códigos de comportamiento, éticas empresariales y demás palabrería yankee). Como sea que es viernes y Agosto, casi todo el mundo se ha marchado a las tres (bendita y alabada jornada intensiva), pero como el nene quiere demostrar que es un currante nato (y lo soy, qué diantre), ahí estoy dale que te pego.

Son las seis de la tarde cuando un retortijón tremendo se me engancha al bajo vientre y me tira con fuerza del estómago. Me cago, pienso. Y a cagar voy, me digo. Levanto mis posaderas de la silla y, muy pausadamente (miedo tengo de partirme en dos o de que se me escape un traicionero gas) llego hasta los baños. Después de comprobar que no hay moros en las tazas, entro en el servicio de la derecha, cierro el pestillo (visible el "ocupado" desde fuera) y aprieto los dientes en cette eclosion de ilusión. Pasado un relajante y satisfactorio minuto alguien entra en los servicios dándole un golpe a la puerta y, demostrando un ansia aún mayor a la mía (éste sí que se está cagando, pienso), se introduce en el baño contiguo pegando un fortísimo portazo al cerrar. Restalla al aire el cinturón y casi se parte la tapa al ser levantarla. Lo que viene después no tiene parangón. El tipo pierde 350 gramos en tres segundos, acompañando el logro con un quejío muy jondo y una retahíla de crujidos dignos de un campeón aéreo. Se suceden, a lo largo de otros 30 segundos más una ristra de ruidos por todos conocidos y llego a la conclusión de que aquí mi vecino está sueltito. Pero que muy sueltito. En fin, en el momento en el que el tipo debe pararse a coger aire, el nene decide que tiene que marcharse a la mayor brevedad posible así que, sin un momento que perder, procedo a limpiarme decorosamente y salgo al lavabo a, evidentemente, lavarme las manos con agüita y jabón.

Bien, justo en el momento en el que termino de secarme las manos, el vecino, incumpliendo el protocolo marcado en la Premisa 3, sale del baño. Cuál es mi sorpresa cuando me encuentro frente a frente con el capo del Puto Amo de la empresa... el Director que va después del Consejero Delegado y del cual tengo la mala fortuna de depender (en quinta línea sucesoria, eso sí) está terminando de abrocharse el cinturón delante de mí. El caso es que el tipo (Don Tipo, debería apuntar) se me queda mirando y dice: "Tú eres el nuevo, ¿verdad?", "Sí" digo yo mientras atisbo lo que se viene. "Soy Tal y Pascual, encantado" y me lanza la diestra para que yo le de la mano. En un segundo se me pasa por la cabeza el estruendo que acabo de escuchar, el quejío, la sueltez y la posibilidad de unas uñas llenas de mierda... pero claro, como el nuevo es el nuevo y el capo es el capo, el nene le lanza la mano enarbolando una sonrisa de lo más sagaz.

Salí del baño directo a mi sitio y con la mano en alto: no podía volverme a lavar las manos delante de él... tuve que aguantar hasta que pasó por mi sitio, sonriéndome el muy cabrón, para volver como alma que lleva el diablo a darme el remojón pertinente.

Anecdotario

Voy a ir apuntando anécdotas (graciosas, espero) que me hayan ocurrido o que quizá tome prestadas de gente que conozco. Todo ello independientemente de que siga como siempre, esto es, escribiendo aquello que me venga en gana.

Agradecería infinito que, además de mi amigo Joe, si es que alguien me lee, se anime a hacer comentarios: como es obvio hace franca ilusión y prometo corresponder...

Cuento - Ranas

Al morir, señaló a la luna y pensó, sólo por un momento, que si las ranas volasen, todo hubiera sido diferente. Un segundo antes, justo cuando recibió el balazo de aquel tipo, nada de eso se le pasaba por la cabeza, estaba más concentrado en averiguar cómo era posible que Adriana no hubiera querido sexo con él: al entrar en la estación de autobuses tirando del chico había recordado cómo dos horas antes ella le había abofeteado precisamente delante de ese camarero tan subnormal que lo único que sabe hacer es rascarcarse las pelotas mientras se pierde sumergido en cada escote que pasa por delante. Y claro, quizá no le hubiera rechazado si no hubiera estado borracho, con el pequeño de la mano y recordando cuánto tiempo llevaban follando (y no es que estuviera exactamente borracho, sino en ese estado intermedio en el que uno aún es consciente de lo que hace pero que a posteriori le servirá para justificar cualquier tontería); claro que no se acordaba (no quería acordarse, ya se sabe) de que un poco antes se había bebido, en la cafetería de al lado aquel estúpido bar, cuatro güisquis seguidos (más hielo, más hielo) para justificarse y henchirse de orgullo de macho porque precisamente cinco horas antes de morir había mandado a tomar por el culo a su recién adquirida e italiana esposa, simplemente por no poder soportar ni un segundo más (cinco horas más soportaría, sin él saberlo entonces) sus malditos quejidos, pero sobre todo y ante todo por haberse llevado con él al niño que hacía dos años no había sido deseado. El pobre niño, que lloraba un día antes (y ahora también, agarrado a su tío, el de la pistola) porque sus padres discutían otra vez, en ésta ocasión por su cuento, aquel cuento que comenzaba en un castillo en donde sólo llovían ranas con alas.

Bueno...

Estoy más o menos de vuelta (el trabajo... agh!). He revisado mis últimos mensajes y me doy cuenta de que mi blogg empezaba a resultar francamente coñazo, en fin, todo sea que se me han pasado mis alardes supra patrióticos (afortunadamente, creo) así que vuelvo a mis cosas.

Bienvenido seas, me digo.

Ñ

En el idioma español,
la eñe es muy importante,
y en todo computador
debe ser una consonante.

Tan importante es la eñe
que sin ella yo no sueño,
y aunque te parezca extraño
no me estriño ni me baño

Aunque sin eñe no hay daño.
resultaría dañino,
que nos faltara el empeño
y no existiera el cariño.

Para mi linda limeña
no habría una piel de armiño.
Tampoco habría cabañas
para albergar a los niños.

Sin eñe yo no te riño,
y aunque tampoco regaño,
me sentiría muy triste
sin decirte que te extraño.

Sin sonido de zampoñas
sin beber un vino añejo
en una peña criolla.
¿Qué gracia tiene el festejo? .

¿Acaso habría buñuelos
o chuño para la niña.
Como lo hacía el abuelo
con sus trocitos de piña?.

No existiría el otoño
sin la eñe en nuestras letras .
Y tampoco habría moño,
donde prender las peinetas.

Parecía muy extraño
que Bill Gates no la pusiera,
quedaba como un tacaño
y cómo si tan caro fuera!

Bueno, basta de regaños.
Porque ya me vino el sueño
y aunque pongo mucho empeño
los ojos me hacen extraños.

Termino pidiendo a todos
los que hablan el español,
Defiendan la EÑE ¡Coño!
que así el idioma es mejor

(Lo recibí por email, no sé quién lo escribió)