acabo de darme cuenta

Bueno... así que éste es mi post número 102. Cómo molo, oigan. Yo que pensé que llegar al 100 iba a ser la de Dios es Cristo, que iba a celebrarlo con ustedes por todo lo alto y tal y pascual y resulta que estoy currando. Y el 95% de mis compañeros están de puente.

Lo dicho, que debo de molar mogollón.

Un saludo a todos y una pequeña patada en los huevos a todos mis compañeros de vacaciones. Qué. Se lo merecen.

Con un par


Ahí queda eso.


paridón

Ayer por la mañana, recién derruida la última legaña de mis ojos (escuché cómo repiqueteaba en la solapa de la chaqueta; sentí pavor, ciertamente), vi a una señora de edad considerable abanicándose con un ejemplar del diario QUÉ (por si alguno no supiera qué es y no le apeteciese echarle un vistacillo al link, solo apuntar que es un diario gratuito que reparten todas las mañanas en multitud de ciudades españolas por paradas de metro, intercambiadores de autobuses y similares). En fin, que de aquello me llamaron mucho la atención dos cosas:

1- Tal era el calorín que estaba pasando la señora, tal el énfasis con el que bamboleaba el periódico, que el señor que tenía a su lado hubo de taparse con la diestra por lo menos en tres ocasiones para evitar un doble mortal de su ojo.

2- La segunda cosa que me llamó la atención fue (después de que la señora bajase del bus, que la mujer lanzó el periódico al suelo "cagándose en su estampa" por las manchas de tinta que le había dejado en sus delicados deditones) la portada del diario (fotico adjunta).


Oigan, no me hizo ni puta (disculpitas) gracia. No ya el hecho de que a Korea le de por hacer lo mismo que a un cerro de países occidentales, sino por cómo había planteado el titular el periódico. ¿A qué viene la idiotez?, ¿les parecerá inteligente?, ¿quizá irónico? En serio, me pareció un insulto al lector medio, una horrendez tremenda, de un mal gusto flagrante. Se pueden hacer coñitas de mil historias, pero hay ciertas cosas con las que conviene no hacer ni decir (o escribir, vaya) tonterías.

Quizá mañana nos encontremos con otro titular: "OTRA PATERA QUE SE HUNDE, ¡¡Y VAN TRES DE TRES!! GAME OVER A RESCATE CIVIL".

En fin, que me entraron ganitas de limpiarme las posaderas (el ojaldrín, el orto) con el mencionado diario. Y no lo hice porque mancha de tinta, no vayan a pensar.

las señoras contraatacan

Hace ya ni sé cuánto escribí un post acerca de cómo mis amigas, mis adorables amigas, mis entrañabilísimas amiguísimas que limpian por las mañanísimas la oficina tiraban MI (repito: MI) botella de agua. Por aquel entonces conseguí que no lo hicieran: un extito sin precedentes. Loado yo, entonces. Aclamado por mi planta: hacedor de buenas intenciones. Olé, olé y olé.

Pero todo era un montaje (jar, jar, jar -ríanse a lo Hannibal Lecter, Conde Dracull, o Pennywise), una burda engañifa para regodearse aún más en mis penurias acuíferas:

Está volviendo a ocurrir. Llego por la mañana y mi botella no está. Desaparece. Se esfuma. Voilá. He llegado al convencimiento de que hay una cámara oculta en mi sitio (he saludado, me he reído, les he dado la enhorabuena y al final casi desmonto la pantalla...); deben de pasárselo pipa: "Mira al chorra ese, OTRA VEZ buscando su botella". Ains. Qué desasosiego. Y qué cabreo, oigan.

Y no. No es que no ponga un cartelín solicitando que NO se deshagan de la botella. Escribo mi nombre, mis dos apellidos e incluso pido por favor que no la tiren. En rojo y en grandote. Con etiquetas en blanco inmensas. Y la tiran. Síp. Como si nada, larilorá.

A uno de los jefazorrones se la tiraron ayer (la botella, no saquen la frase de contexto, pillines) y casi me da un acceso de histeria señalándole como loco: "¡¡¡A ti también, lo sabía, lo sabíaaa!!!"

En fin. En serio: me da igual que no me limpien la mesa, que no pasen el aspirador o que usen la fregona para limpiar mi monitor. Lo único que no quiero que hagan es tirar mi botella.

Mañana les contaré, porque la dulce Tere ha vuelto a traerme otra botella. Se ha ido acojonadina, la pobre. A ver qué se me ocurre, pero tengan la seguridad de que ésta vez ganaré (...bueeeno, lo intentaré).
EDIT
(11.10.06):
Coloqué por la tarde un DIN-A3 escrito con subrayador azul
que rezaba: "Por favor, sean tan amables de NUNCA tirar mi botella de agua. MUCHÍSIMAS GRACIAS por hacerme caso esta vez...".
Ha funcionado!! No sé hasta
cuando, pero de momento estoy tranquilo...

los pelos de la warner

Flipo con el último cartel publicitario del Parque de la Warner (ref.: paradas de autobuses).

La imagen es la siguiente: En primer plano está Bugs Bunny (con tornillos en las sienes y en traje negro -el cartel viene a cuenta de Halloweentodoslossantos-) que huye de, conforme a lo que reza el cartel, un hombre lobo. Pues bien, es la alegoría al hombre lobo (el fondo del cartel en cuestión) lo que llama la atención:

Es una fotografía (no, no es un dibujo) tomada desde abajo del torso (desde el ombligo hasta la barbilla) de un rechonchín e increíblemente peludo ser humano. Tiene la piel cetrina y, como decía, está recubierto de un matorral de pelo asombroso. Da grima. Una grima bastante grande. Arj. No es que yo tenga reparos, pero entre la pelambrera y el ángulo de la foto parece que el respetable se la está chupando al campeón lobo de marras.

Todo esto me lleva a pensar:

1- Si la publicidad es para los niños, preparémonos para una saga de edipos traumatizados desde muy pequeños.
2- Si la publicidad es para las mamás de los niños, ojito con la broma: mamás sin bragas en la Warner buscando tipos de pelo y que huelan a sudor (porque el cartel no lo dice, pero se nota que el tipo debe de oler a cebolla pasada tremendamente).
3- Si la publicidad es para los papás de los niños, no creo que haya niños éste halloweentodoslossantos en el Parque de la Warner.
4- Si la publicidad es para gilipollas como yo, que nos fijamos en esas tonterías y hacemos publicidad gratuíta del puto parque en nuestro blog, enhorabuena a la agencia: aquí tienen a uno de los gilipollas.

Gustosos lunes tengan, Oh my friends.

Nota: Hasta el mango estoy de bloger, bloger beta o cualesquiera variaciones de bloger

Qué gustito

Esta mañana una señora le ha soltado un guantazo a su hijo de cinco años en el bus, después de amenazarle (eso sí, muy diligente ella) con tirarle de las orejas hasta la luna.

Y digo yo que el crío quizá prefiere estar en la luna con las orejas de Dumbo (tengan en cuenta que, dada la poca gravedad que allí hay, un par de orejas-palangana no serían tan molestas como cabe imaginar) que andar recibiendo arrechuchos de su encantadora madre.

Menos mal que nada mas aterrizar por estos lares me he encontrado con esta delicia...

Por cierto, el niño simplemente estaba silbando en bajito mientras miraba por la ventana que a él debería parecerle inmensa. Nada mas.

Ay, qué pájaras...

Es como Féliz Rodríguez de la Fuente y James Bond. Pero hablando de mujeres económicamente sociables.



No he podido evitar compartirlo con ustedes.

Gratos lunes.

s o ñ a r r e r a

He sido consciente del absoluto sueño que tengo en el momento en el que mi compañera (señora que raja ilimitadamente, que aguanta en el mismo párrafo hasta la extenuación, que no capta indirectas tales como "me estoy meando y NECESITO ir al cuarto de baño", que incluso es capaz de acompañarte hasta la misma puerta de los putos servicios y seguir hablando -chillando- a través de esta mientras uno llora desconsoladamente abrazado a la tacita preguntándose por qué Dios le ha dado lengua a ésta tía, coño. Es una perfecta pesada (cansiiiina) de las de telenovela, una chapista espectacular, capaz de agotar a Hermida, madre de la tipa esa de la rueca que se durmió treinta años y luego apareció su ahijado para despertarla metiéndole mano... hablaría estando muerta, segurísimo) ha empezado a mirarme raro hacia la mitad del coñazo que me estaba pegando ("Mis cosas de casa en mi nueva casa", Tomo 42, capítulo 637).

He notado que empezaba a bajar el ritmo de la perorata y de repente he sido consciente de que tenía un ojo cerrado, el otro completamente entornado y la frente arrugadísima en gesto de linda agonía. He dormido fatal, qué le voy a hacer. Y no tengo el cuerpo hoy para Faulkner, oigan.

Lo que más me impresiona es que aquí mi compa continúa en este preciso instante pegándosela a mi jefe, ser humano cuya mesa está situada a tres metros de mi sitio. Ahora mismo noto cómo él prefiere la muerte. Y yo me piro al excusado, sean tan amables.

Cambio

Que como empieza el nuevo curso y Bush me ha llamado llorando por teléfono sólo para pedirme por favor (please, mr. sinclair, ha dicho) que os suplicase perdón a todos vosotros (y al resto, que hoy anda fenómeno) por lo melón y tonto de los cojones que es, he decidido cambiar el look del blog.

Buen fin de semana.

Sean todo lo malos que puedan.

El escote blanco

Hacía mucho tiempo que no atendía a un cliente fuera de mi oficina; nunca sabes lo que puedes encontrarte delante. Esa era una de mis pequeñas exigencias: la primera cita era siempre en mi territorio, la segunda, si es que la hay, ya veremos.

readchair

Aquella mañana fue una excepción, no recuerdo bien por qué, pero accedí a vernos en la pequeña cafetería que hay en la Quinta con Harreys Boulevard. Sí recuerdo muy bien el vestido que ella llevaba, también las lágrimas, los gorgojeos y el rímel corrido. Me matará, sé que me matará; le pagaré cuanto pida, pero por favor, necesito que se deshaga de él antes de que me mate. Las razones me daban igual, sólo importaba el dinero y quizá aquel escote blanco tan pronunciado. Cuánto está dispuesta a pagar. Lo que sea. Al salir del local me entregó la foto del sujeto en un sobre marrón cerrado y, antes de despedirnos, me informó de la hora a la que el tipo llegaría a Nueva York. Gracias. No me de las gracias, usted me paga un precio muy justo por esto.

Pasé por la oficina, recogí el revolver y me acerqué con tiempo suficiente a la estación de Times a esperar el tren de las cinco y media. Entré a los servicios de la planta superior y, una vez colocado el pestillo, abrí el sobre con cuidado de no dañar la fotografía. Era un retrato mío bastante bueno, en blanco y negro; debieron tomarlo la semana pasada, cuando aún llevaba el sombrero de verano. Coloqué el arma en el bolsillo derecho de la gabardina y bajé hacia los andenes. Eran las cinco y veinticinco, por lo que aún quedaba tiempo para fumar un cigarrilo.

A las cinco y media en punto el tren apareció chirriando por la vía seis, así que me oculté detrás de una de las columnas de hierro y esperé. Las puertas se abrieron y una oleada de gente empezó a bajar de los vagones atropelladamente. A los diez minutos no quedaba nadie por bajar, los revisores parloteaban distraídamente en un aparte sobre del último partido de los Mets.

Se ha equivocado, pensé, quizá sea mañana o cualquier otro día de ésta semana. Por el dinero que esperaba en el primer cajón de mi mesa podía volver al día siguiente sin hacer preguntas, así que me di la vuelta y comencé a andar hacia la salida. No logré dar ni diez pasos cuando el sordo sonido de un disparo con silenciador me despertó del letargo en el que estaba. Transcurrieron tres o cuatro segundos hasta que me percaté de que yo había sido el destinatario de la bala. En una profesión como la mía uno es consciente de que su muerte será fácil y de que su vida será intensa pero corta. Al caer de bruces contra el suelo únicamente lamenté no volver a ver aquel precioso escote blanco.

Salí de detrás de la columna que me ocultaba y, sin mirar atrás, recogí el casquillo de la bala que acababa de perforarme el corazón. Quité el silenciador despacio y tomé un taxi hasta la casa de mi clienta. Una vez allí, en el ascensor que llegaba directamente hasta su apartamento, volví a montar el silenciador en la pequeña pistola que siempre llevo a la altura del gemelo derecho y la guardé en el bolsillo izquierdo del pantalón. Efectivamente, iba a matarla.
No me acuerdo cuando escuché ésta anécdota genial acerca del arte:

Estaba Mr. Eugenio Salvador Dalí en un programa de televisión dispuesto a ser entrevistado por un gran periodista y/o amante de la pintura; como correspondía a tamaño personaje, habían lógicamente invitado al programa a los tres expertísimos critiquísimos de pinturísima más importantísimo de aquella Españísima.
(Aparte: nótese el curioso caracter de éste tipo -Dalí-, que se pegaba unos cabreos de aquí te espero cuando a él no le dejaban pagar en los restaurantes simplemente firmando una servilleta -cosa que sí le ocurría a su colega D. Pablo Picasso-).

El caso es que en aquella ocasión, una vez comenzada la tertulia, los tres lamepinceles (incluído el presentador) empiezan pertinentemente a lamer el pincel de Mr. Eugenio. Como ya podrán imaginar, conforme va pasando el tiempo y van entrando en calor, los halagos y elogios de los muchachos son cada vez más exagerados y rimbombantes.
A medida que va avanzando la entrevista aquello va transformándose en un bodebil barroquisísimo hecho de audacias y apuntes cada vez más geniales y originales: que si "su pintura alcanza lo recóndito del ser humano", que "es la esencia del infinito detrás del arte mas puro que hay", que "representa la angustia existencial del hombre y sus inalcanzables sueños", que "el hombre tiene sentido a través de sus cerdas", etcétera.
A todo ésto, al aludido no se le movía ni el bigote.
Que si "el ángel del arte", "el máximo exponente de la modernidad surrealista, el moderno barroquismo y la postmoderna decadencia en el mundo"... en fin.
En un momento dado de la entrevista, Mr. Eugenio, que estaba escuchando muy atentamente a los tres expertísimos, solicita que le den un lienzo pequeño, pintura negra y un pincel cualquiera. Los tres mosqueteros se mean del gusto y el entrevistador se frota las manos pensando en su sueldo. Recordemos (a pesar de lo reiterativo) que cuando ya le han entregado el material los cuatro coristas han ensalzado a Mr. Eugenio hasta un nivel de pureza estilística inalcanzable ni tan siquiera por los dioses del Olimpo, claro: El Maestro, el Verdadero Cervantes de la Pintura, El Nóbel del Pincel y naderías del estilo.

A los tres minutos, mientras los otros siguen dale que te pego con lo cojonudo que es El Artista (que sin duda lo era), Mr. Eugenio muestra a los tres carnívoros de inteligencia y sutileza lo que acaba de hacer:
Aquello es un círculo con un punto dentro.
Transcurridos tres segundos de asombrosa tensión dos de los críticos se rasgan las vestiduras, el otro empieza a masturbase contra el perenne ficus de todos los programas de televisión de aquel entonces y el presentador se clava un bolígrafo en el dorso de la mano tratando de ocultar el gozo tan tremendo que siente...

Los cuatro, casi a coro, comienzan con la retahíla de quebuenos, acojonantes, diosquemaravillas, eslavidamisma, mecagurreoenlasbragas... (recuerden: es un círculo negro con un punto del mismo color en el centro, nada más). Después de diez minutos de agasajo pringoso durante los cuales Mr. Eugenio sigue manteniendo el rictus de nomecabeunalentejaenelculo, por fin deciden preguntarle al autor acerca de lo que acaba de hacer.

- Por cierto, ¿qué le parece a usted la obra maestra que acaba de ejecutar?.

En éste punto imagino al realizador, productor, director, asador, cocinador y aguador del programa temblando en la pausa que duró hasta que llegara la respuesta. Gotas de sudor recorriendo sus frentes, agonía, nudo en el estómago... expectación máxima...

Después de carraspear muy circunspecto, Mr. Eugenio miró al respetable y dijo:

- Pues una mierda, ¿no ven que es un círculo con un punto?


Un crack, qué coño.

Un suspiro

Ayer por la tarde me escapé a echar un piti rápido y dio la casualidad de que no había nadie por abajo.

A mitad del segundo cigarro (no me miren así, que tengo mono) me apercibí de una mujer se acercaba hacia mí titubeando un poco. La expresión de su cara me llamó un poco la atención por lo comedida, como discreta y agobiada al tiempo. Llevaba un papel chiquitito pero muy apretado en la mano izquierda y yo me temí lo peor: estas situaciones no suelen incomodarme particularmente pero sinceramente, ayer estaba de puta madre con el piti, el fresquito y con la mente perdida en las lámparas de casa, mi nueva dremel (oh... ooohhh, ooooooohhhh!!!) y demás historias relacionadas con el increíble y fascinante mundo del bricolaje (no, no soy raro) y lo cierto es que no me apetecía un huevo que nadie viniese a preguntar / pedir / aconsejar.

La mujer en cuestión era mas bien bajita, latinoamericana, de tez oscura y de ojos curiosamente ovalados. Se acercaba bajando la vista, dando pasitos cortos y agarrándose al papel que sostenía cada vez con mas fuerza. Cuando solo le quedaban un par de metros para llegar a donde yo estaba, levantó la vista tímidamente y sonrió escondiendo la barbilla, entre incómoda y solícita.

Estaba yo todavía pensando en que me iba a joder el cigarro preguntándome por alguna calle inencontrable o quizá por una estación de metro infinita; tal vez por aquella estación de autobuses o incluso por cómo se llega a Coslada desde aquí; ya me veía yo señalando para cualquier sitio bastante desorientado, a ella mirándome extrañada y a los dos finalmente buscando a otro transeúnte que verdaderamente pareciese saber algo de ésta ciudad tan maravillosa, cuando atropelladamente preguntó:

- Perdone... cuando se los llevan presos, ¿a dónde los llevan?

El alma se me cayó a los pies... en ese momento la expresión de su cara tuvo todo el sentido del mundo: el apocamiento, la congoja, la turbación que sentía al tener que preguntarle a alguien a dónde se habían llevado a su marido (¿?) arrestado.

Qué cosicas, ¿eh?
No quiero coleccionar soldados de plomo, relojes de época, plumas estolográficas que usaron presidentes de países occidentales, figuras de cristal talladas a mano con formas de animales que no existen, sellos antiguos raros y descatalogados, monedas de múltiples formas y colores que probablemente cuesten billetes, piedras semipreciosas guardadas en bolsas de plástico chusto, o cajitas multiformes del siglo XVII. Tampoco quiero hacerme con miniaturas de muebles a colocar en la pertinente casa de muñecas (que se jodan los muñecos), ni quiero construir un coche teledirigido a radiocontrol con gasolina, o un avión teledirigido a radiocontrol con gasolina; ni siquiera ir montando el cuerpo humano partiendo del esqueleto (56 fascículos, más de un año, señores), ni una perfecta rélpica de una galera romana; ni pensar en aprender a pintar con los DVD's de los mejores falsificadores del mundo... Tampoco me quiero coleccionar los primeros episodios de X-Files, o recuperar series míticas como el Pájaro Espino o Kunta Kinte.

Lo que me apetece es volver a mi blog, qué coño.

Esto ya no es lo que era...

Me siento bastante mutilado, señores, señoritas, tigres y leones: nos han cambiado todo el sistema de gestión de recursos en la empresa y ya no podemos hacer prácticamente nada con el PC que se salga de lo que es el mero curro (currandis, currae, curro)

Muy malamente. Así no se juega. A los jefes en los USA y en los UKs: tarjeta amarilla. Y ojito que una más y a la calle todos a tomar por el culo. Gruño muchísimo, últimamente.

En fin, que dado el castramiento al que estoy sometido no he podido hacer prácticamente nada más que trabajar en estas últimas semanas (arg más).

Me paso por aquí para contaros mis penas, gritar al viento y desgarrarme las corbatas al aire: Ay mísero de mí, y ay infelice.

Y disculpitas si no he pasado por vuestros maravillosos antrillos de perdición, sabiduría y locura, prometo hacerlo en breve.

Con Dios.

Filosofía y Reflexión

Domingo 22 de enero de 2006. Kilómetro 280 de la carretera de Córdoba (A-4). Estación de Servicio con cafetería: tanto el auto como nosotros necesitamos tomar ya un algo, así que paramos a por un cafelillo y a llenar el depósito. No hay ni Cristo, pero siendo como somos cumplidores estrictos de la ley, nos agolpamos agradablemente en el área de fumadores (unos escasos cinco metros cuadrados de lo mas hogareños).

A los cinco minutos voy al baño a hacer aguas menores y me sobrevienen el asombro y la sorpresa. Ojito fundamental: el servicio de la mencionada EESS es ínfimo y, aunque pueda parecer mentira por lo que a continuación les muestro, dentro no hay más que dos puertas de madera. Como ya supondrán, la que corresponde a la salida del baño es evidentemente por la misma por la que se entra; es aquella por la que uno acaba de traspasar el umbral, es exactamente la misma maldita puerta de acceso a la cafetería. NO HAY POSIBILIDAD DE ERROR.

Pero después de lavarme las manos me encuentro con la siguiente joya plantada en la otra puerta:


Y cito: "Por favor, párese, reflexione y salga por la indicada". No pude evitar sacar el móvil y sacar una foto, claro.

El ser humano es inexcrutable.

Solicito...

En serio, siento de veras resultar tan agotador, pero les agradecería infinito volvieran a darse una vuelta por el fotoblog, que lo he estado tuneando a ver.


Y aquí les dejo el autoretrato de la srta. Ixus.

CINCO HÁBITOS EXTRAÑOS

La Reina de las Nieves me traslada la participación en un juego: CINCO EXTRAÑOS HÁBITOS TUYOS.

En primer lugar quisiera puntualizar que oye, rarito puede ser uno, pero hábitos extraños, a saber. En segundo lugar, nunca había pensado antes en éstas cosas, por lo que no sabría darles un enunciado correcto. A ver qué sale.

1- ELUCUBRAR SOBRE LA ESENCIA DE LOS SERES HUMANOS ANÓNIMOS: Cuando voy en metro, en autobús, o estoy en un centro comercial, incluso estando en un tugurio de mala muerte, me da por ponerme a pensar en la gente: me suelo fijar en quienes tengo cerca e imagino cómo serán sus vidas, en qué estarán pensando; en cómo serán sus familias y cómo se relacionarán con éstas, si la persona es una déspota, si una ingenua, si una vergonzosa, si una quejica o una valiente; en cómo afrontarán sus problemas, en cómo están tratando de seducir a la que tienen al lado o en cómo ésta sabía diez minutos antes que aquél que le tiraría los trastos; en las madres con dos niños que se preguntan con cierta melancolía amarga si su persona ya no será nada sin la existencia de esas dos personitas, en los padres que pasean a los niños y juegan en los columpios, en los inmigrantes con los ojos llenos de cansancio y de vida atragantada, en los niños que todo lo miran con un prisma que envidio con toda mi alma y que constantemente quiero recuperar.

2- BASTONCILLOS DE ALGODÓN: Esto sí me da un poco de vergüenza, para qué engañarnos. Pero bueno, como hay que ser sinceros, seámoslo. Un gran porcentaje de los que leen mi blog me conoce muy bien, y aquellos que me conocen muy bien saben que para el nene un bastoncillo de algodón es un inmenso placer: me quedo horas dale que te pego hurgándome los oídos...mmm... Hasta la baba se me cae, oiga. Y quizá esto no sea tan raro (el gustito que da, y no me miréis mal, oye), lo que sí he de reconocer que es raro es que siempre llevo uno encima.

3- SOY UN TIPO DESPISTADO: Y juro por Dios que yo no era tan consciente de ello. De hecho me tenía por lo contrario. Lo cierto es que ha sido a golpe de obviedad que he acabado por reconocerlo: Debe de ser que nunca estoy pendiente de lo aparentemente importante sino de las pequeñas cosas, que son las que sí me llaman la atención. No tengo ninguna orientación, por ejemplo, pero ni siquiera por zonas por las que he pasado mil veces en mi vida. No es que se me olviden las cosas, es que me pierdo dentro de la almendra que sujetan mis hombros y se me va un poco la cabeza. Y, qué puedo decir, muchísimas veces es incómodo que te pase eso. Soy capaz de contarle a alguien mil historias hasta que después de un par de días me acuerdo de lo fundamental.

4- FOTOS: Todos los días hago unas cuatro o cinco fotos. No sé si es una rareza, lo que si que sé es que no todo el mundo va danzando siempre con su cámara en el bolsillo. Me obsesionan los instantes, y los detalles únicos en los que no me había fijado hasta ese momento. Me gusta buscar lo único en lo cotidiano y siempre trataré de encontrar el retrato perfecto o la imperfección que hace tan lindas a las cosas aparentemente exactas.

5- COLECCIONO TODO TIPO DE INUTILIDADES: Ya sean los tornillos de unas gafas antiguas o de un aparato recién desmontado, o de una balda; hembrillas, escarpias, puntas, clavos... de todo. Pero también cualquier cosa con un toque pseudo sentimental, desde un trozo de plástico hasta una espantosa figurita de un roscón engullido hace tres años. Ni que decir de piedras recogidas en playas, maderitas, arena o algún que otro ladrillo (tengo un par del primer palé que la constructora llevó a la que actualmente es mi casa), etcétera.


En fin, paso el testigo a:

Mr. Monroe
Miss Kuvelick
May Warner
Edryas
Aldara (cuando vuelva del casorio)

Ahí queda eso.

(ACTUALIZACIÓN)

He ido a invitar a los compadres y me he dado cuenta de que El Maestro ya había convocado a dos de ellos. Por lo tanto, procedo a incluir a otros dos:

Mr. Diego
Blanchepatra

(ACTUALIZACIÓN 2)

Y otra vez!!! Después de comprobar que estaba libre, acabo de convocar al Payo Renyer para conseguir los cinco "limpios"

queda inaugurado el fotoblog

Después de un saco de pruebas, lanzo al mundo mi fotoblog.

Espero que les guste.

De hecho, confío en que me digan qué les parece.

Lamentablemente Blogger no me permite muchas licencias (anduve preguntando al Maestro por vía telefónica hace un par de días mientras algún ente le masacraba al ordenador), así que espero todas sus críticas ansiosamente.

Menos da un pedrusco, oiga.

agarra la jarra

El otro día, esperando a la salida del médico a que arrivase mi señora madre -después de haber recibido un chorreo francamente considerable de la profesional al mando, por cierto, por no haberme pasado por allende saluten desde que perdí el primer diente de leche (ojito que estoy hecho un bestia, de salud, digo)- me topé con una señorona de lo más curiosa que, estando expandida en un banco callejil -cuán generosa es la madre naturaleza a veces, caramba-, andaba cagándose a voz en grito en todo ser humano que por delante pasaba -"Hijoputas, que sois unos hijoputas"-, -"Niño de mierda"-, -"Dos hostias te daba yo con la mano abierta", y demás linduras del mismo pelo-. No negaré que, con cautela, el tema me hacía bastante gracia.

El hecho es que Mademoiselle lucía un emperifollamiento comparable al de un hipotético repollo multicolor rematadito con todo tipo de pieles zorriles, una obra de restauración que recordaba a Sarita Montiel proyectada a gotelé en las paredes del Prado o a las mismísimas uñas de Marilyn Manson -qué gratísimos temas las de éste oso panda sin pelo-. Así estaba la Bovarí, entre injuria e injuria -de hecho también inter injuriam-, fumando con una ansiedad bastante alarmante -haría alguna comparación, pero son las 11.45 a.m. y solo me he fumado dos pitillos en todo el día, cagoentodaslasleyesahroamismo-, cuando algo -algo más, si cabe- me llamó poderosamente la atención:

Obviando -en la medida de lo posible, a ver- la estrafalaria apariencia de la señora de marras, observé que llevaba las gafas completamente torcidas -si los dibujos del Gernica picassiano llevaran gafas sería de la misma forma, seguro-. No es que las llevase descolocadas, es que las llevaba como rizadas sobre la nariz, como si en realidad pudiese ver por la frente y la barbilla, vaya.

Todo ser ha vivido situaciones en las que le ha sido imposible apartar la mirada de algo o de alguien. Imaginen que se quedan con la vista fija en las gafas -ojito a las lentes rosas del tamaño de dos sartenes unidas por el mango- del bicho recién descrito como si nunca en su puta vida hubiesen visto unos espejuelos. Sí, es obvio, el bicho se da cuenta y, como cogiendo carrerilla, se arranca una calada de mil bronquios a tomar por culo y me chilla:

-¡¡QUÉ!!

Yo, que me acabo de imaginar la sarta de denuestos que me esperan pero que me siento especialmente locuaz y graciosillo -pesadito el nene- le respondo lo único que se me viene a la cabeza:

- Tiene usted las gafas manchadas.

El animal lanza el cigarro al suelo, coge aire, se coloca las gafas -ah... qué placer... por fin...- y me dice:

- Que sepas que desde 1999 estas gafas no son limpiadas.

Lástima que mi madre apareció justo en ese momento y no tuve tiempo -y tampoco huevos, yo creo- de preguntarle por qué demonios no se limpiaban esas gafas desde 1999.

endeves

Me parto la caja torácica. Yo pensé que en Navidad solo había unos Reyes que eran de mentira. Pues ahora resulta que no. Ver para montar...